Diez años después de la firma del Acuerdo Final de Paz, la historia todavía no está cerrada. Hay comunidades que siguen buscando respuestas, familias que esperan encontrar a sus desaparecidos, territorios que reclaman oportunidades y organizaciones que, desde distintos frentes, continúan trabajando para reconstruir el tejido social.
Esa realidad es la que atraviesa la IX edición del Salón de la Memoria y la Verdad, uno de los espacios más representativos de la Fiesta del Libro de Cúcuta (fliC) 2026, que este año tiene como eje ‘10 años del Acuerdo de Paz’.
La muestra, creada con la participación de la Mesa de Memoria Histórica de Norte de Santander y la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero, propone revisar lo ocurrido durante la última década sin reducirlo a una lista de éxitos o incumplimientos. Por el contrario, plantea un recorrido por los avances, las dificultades y las tensiones de un proceso que continúa en construcción.
“No hay una línea recta en el Acuerdo de Paz, no hay un paso a paso, y esta exposición es el reflejo”, explicó Susan Ávila, asesora de paz restaurativa de la GIZ, al referirse al propósito de esta edición.
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Por eso, el visitante se encontrará con una exposición en la que las historias institucionales se cruzan con las experiencias de quienes han vivido directamente las consecuencias del conflicto.
Fotografías, tejidos, archivos, audiovisuales, cartas, testimonios y elementos participativos permiten acercarse a las distintas maneras en que las comunidades han entendido, apropiado y cuestionado la construcción de paz.
Uno de los puntos fundamentales es la búsqueda de personas desaparecidas. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) presenta el proceso que adelanta frente a los casos de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado colombiano.
Entre sus propuestas está ‘Tu fecha, nuestra fecha’, una experiencia que invita a los visitantes a escoger un día significativo de su vida -como un cumpleaños o un aniversario- para conocer cuántas desapariciones se registraron en Colombia durante esa fecha. El ejercicio busca convertir una cifra en una reflexión personal sobre las familias que, en algún momento, dejaron de tener noticias de un ser querido.

La tecnología también tiene un espacio. El Museo Virtual de la Memoria Histórica de Norte de Santander, liderado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), con apoyo de la Cooperación Alemana-GIZ, utiliza realidad virtual para acercar a los visitantes a las historias de las víctimas y contribuir a dignificar su vida, honra y buen nombre.
El recorrido también permite conocer procesos como los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), los mecanismos de participación comunitaria y étnica, la reincorporación, los planes regionales de búsqueda y las actuaciones de la JEP.
En el caso de Norte de Santander, ocho municipios del Catatumbo hacen parte de los territorios PDET, mientras distintas organizaciones sociales han sostenido iniciativas de memoria, reconciliación y resistencia.
Así, los seis puntos del Acuerdo no aparecen como capítulos aislados. Se encuentran en las historias de quienes buscan a un familiar, en las comunidades que defienden su territorio, en las personas en proceso de reincorporación y en quienes siguen apostándole a permanecer y reconstruir sus vidas.
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“Aquí van a ver también el dolor de los familiares que buscan y que han fallecido en medio de su búsqueda”, señaló Ávila.
Pero junto con el dolor aparece la esperanza. Una de las experiencias que integra la exposición es el intercambio de correos entre niños del Catatumbo y de Cúcuta, una iniciativa que conecta territorios y generaciones a través de la palabra.
El Salón reúne además una línea de tiempo construida a partir de cerca de un centenar de referencias de consulta pública, disponibles en un micrositio, para que el público pueda profundizar en los hechos y procesos que marcaron esta década.
La invitación, entonces, no es únicamente a recordar. Es a preguntarse qué se ha conseguido, qué continúa pendiente y qué hace falta para que la paz pueda convertirse en una realidad duradera.
Porque diez años después de la firma, la paz no es solamente una fecha histórica. También está en las búsquedas que continúan, las memorias que se transmiten, las comunidades que se organizan y las nuevas generaciones que imaginan un territorio diferente.
El Salón de la Memoria y la Verdad estará abierto durante la fliC 2026 hasta el 5 de septiembre, como un espacio para conocer de cerca las historias, iniciativas y esfuerzos que, desde Norte de Santander, mantienen abierta la conversación sobre memoria, verdad, reparación y reconciliación.
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