Estudiantes, docentes y hasta el alcalde de Toledo, Jairo Alberto Castellanos, le cambiaron la cara al Centro Educativo Rural La Capilla, ubicado en la vereda que lleva este nombre, y que es símbolo de que la calidad en la educación, incluso en condiciones adversas, es posible.
De todas partes de la vereda llegaron este fin de semana hombres y mujeres cargados con piedras, palos, pintura y todas las herramientas posibles para mejorar la escuela y darles condiciones más favorables para estudiar.
El alcalde se trepó en una silla y con una escoba limpió las telarañas de los techos; pintó las aulas junto con los padres de familia y juntos embellecieron sector por sector, palmo a palmo la escuela.
Para los asistentes la llegada de esta ayuda fue esencial para que en el centro educativo más importante de la zona oriental del municipio se uniera la comunidad estudiantil, profesores y habitantes en torno al objetivo común de hacer de este sitio un lugar más próspero para los niños que, en el futuro, replicarán estas actividades de convivencia en el pueblo.
La Opinión