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Cúcuta
Redes sociales: entre la conexión permanente y los riesgos del mundo digital
Expertos advierten que estas plataformas transformaron la forma de comunicarnos, pero también impulsan problemas como la desinformación, la adicción y los delitos informáticos.
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Valentina Salgado
Valentina Salgado
Domingo, 19 de Julio de 2026

Lo primero que hacen millones de personas cuando se despiertan, incluso antes de salir de la cama, es revisar un mensaje de WhatsApp, una historia en Instagram, un video en TikTok o los titulares del día en X y lo que está sucediendo en Facebook.

Las redes sociales dejaron de ser  solo para entretenimiento al transformarse en  escenarios de interacción humana, en el que los usuarios se informan, trabajan, estudian, compran, emprenden, construyen relaciones y expresan opiniones. 


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Pero al mismo tiempo se convirtieron en ciberautopistas de la desinformación, los discursos de odio, la manipulación de contenidos, la incidencia política y en trampa de la ciberdelincuencia. Su alcance refleja esa transformación. 

De acuerdo con el informe Digital 2025 de DataReportal, las redes sociales reúnen a más de 5.200 millones de identidades de usuarios en todo el mundo. Se trata de una cifra que evidencia hasta qué punto moldean la vida cotidiana y plantean desafíos sociales, culturales y éticos. 


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La virtualidad en el diario vivir 

Para la comunicadora social y vicerrectora académica de la Corporación Universitaria Autónoma del Norte, Margarita Rosa Peñalosa Durán, el protagonismo de las redes sociales surgió en la pandemia del coronavirus. 
El confinamiento aceleró la migración masiva hacia la virtualidad trasladando actividades que antes dependían casi por completo de la presencialidad: el trabajo, la educación, el entretenimiento e, incluso, las relaciones personales. 
Además, ese proceso coincidió con la llegada de generaciones que crecieron en ecosistemas digitales.

Ahora los niños y jóvenes interactúan con dispositivos tecnológicos desde sus primeros años, incluso su formación académica depende, en buena medida, de herramientas digitales.

Según Peñalosa, el crecimiento de estas plataformas estuvo ligado al tipo de contenido con publicaciones centradas en experiencias, emociones y aspectos cotidianos con los que millones de personas se identifican.

En opinión de la comunicadora, las plataformas se integraron a las rutinas diarias porque las personas empezaron a documentar desde un logro laboral hasta un viaje, una celebración familiar o una reflexión personal. A ello se suma el auge del contenido audiovisual, que combina imágenes, sonido y video para captar a públicos de todas las edades. 

Uno de los cambios más profundos, agrega, se evidencia en la forma como las personas construyen y mantienen sus relaciones. Antes, las experiencias se compartían principalmente en conversaciones cara a cara. 

Hoy, en muchos casos, basta con revisar un estado de WhatsApp, una historia de Instagram o una publicación en otra plataforma para conocer lo que ocurre en la vida de familiares y amigos. 

“Esto demuestra que en la inmersión que le dimos a las redes en nuestras vidas, también son ellas quienes la están contando y narrando”. 

Aunque considera posible desconectarse durante algunos días, advierte que para muchos esa decisión solo llega después de un proceso de reflexión sobre el uso excesivo como ha ocurrido con varios creadores de contenido e influenciadoresque optaron por alejarse temporalmente del entorno digital. 

Cuando la conexión deja de ser saludable 

Aunque surgieron con la promesa de acercar a las personas, el uso intensivo dio lugar a nuevas formas de aislamiento, argumenta Maura Carolina Niño Barrera, psicóloga, magíster en Psicología del Trabajo y las Organizaciones, y coordinadora de Prácticas y Egresados de la Universidad Simón Bolívar. 

Antes de hacer la advertencia, dice que a las redes sociales no se les debe considerar como un enemigo. Por el contrario, reconoce que facilitaron la comunicación, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Escenario para el delito Y a continuación notifica que el problema aparece cuando la conexión digital comienza a reemplazar las relaciones humanas. 

“Las redes nacieron con la promesa de acercarnos, pero en muchos casos terminaron distanciándonos de nuestro entorno e incluso de nosotros mismos”, afirma. 

Uno de los efectos más visibles se relaciona con la autoestima

Según Niño Barrera, muchas personas comparan su vida cotidiana con versiones editadas e idealizadas de la realidad que observan en internet, situación que se ha intensificado con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la creación de contenidos cada vez más difíciles de distinguir de los reales.
 A esto se suma el funcionamiento mismo de las plataformas.

Cada notificación, comentario o “me gusta” activa los circuitos de recompensa del cerebro y libera pequeñas dosis de dopamina que incentivan a permanecer conectados durante más tiempo. 

“La gratificación es inmediata y las plataformas están diseñadas para que desconectarse sea cada vez más difícil”, explica. 

Este mecanismo favorece fenómenos como el miedo a perderse algo, una sensación de ansiedad que lleva a muchas personas a revisar constantemente las redes por temor a quedar excluidas de conversaciones, tendencias o acontecimientos. Los más vulnerables Niño Barrera advierte que los niños, adolescentes y jóvenes son quienes enfrentan más riesgos porque su cerebro aún se encuentra en desarrollo. 

Según ella, la corteza prefrontal —la región encargada del autocontrol, la regulación emocional y la toma de decisiones— termina de madurar entre los 21 y los 25 años. “Para un cerebro joven es muy difícil competir con algoritmos creados para mantenerlo conectado”, sostiene. 

En su opinión, el acceso a las redes sociales en la infancia debería retrasarse lo máximo posible y, durante la adolescencia, mantenerse bajo supervisión constante y con acuerdos claros sobre los horarios, contenidos y tiempos de uso. 

Entre las principales señales de alerta que pueden indicar que el uso de las redes sociales  afecta la salud mental menciona la ansiedad cuando no se tiene acceso al celular, la necesidad de revisar notificaciones, la dependencia de los “likes” para sentirse valorado, los problemas de sueño, el aislamiento social, la dificultad para sostener conversaciones presenciales y la sensación de vacío o de comparación con otras personas. 

“Cuando el celular se convierte en la única estrategia para escapar del aburrimiento, la soledad o los problemas, ya estamos frente a una señal de alarma”, advierte. Recomienda establecer momentos de desconexión, limitar el tiempo frente a las pantallas, fomentar actividades fuera del entorno digital, fortalecer el pensamiento crítico frente a los contenidos que circulan en internet y promover espacios familiares donde el teléfono deje de ocupar el centro de la interacción. 

“El bienestar digital no se logra eliminando la tecnología, sino construyendo una vida fuera de las pantallas que también resulte atractiva”, concluye. 

La tecnología al servicio de la persona 

Para el presbítero Wilman Paredes, las redes sociales y la Inteligencia Artificial no representan un problema por sí mismas; lo verdaderamente importante es el uso que las personas hagan de estas herramientas y la capacidad de mantener la dignidad humana en el centro de la transformación tecnológica. 

El sacerdote explica que el papa León XIV convirtió esta reflexión en una de las prioridades de su pontificado, al comparar el impacto de la Inteligencia Artificial con el de la Revolución Industrial,  debido a la profundidad de los cambios que genera en la sociedad. Por ello, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, está dedicada a analizar los desafíos éticos de esta revolución tecnológica. 

“El papa deja claro que la tecnología no es mala en sí misma. Hace parte de la creatividad humana y ha mejorado la calidad de vida de millones de personas. El problema surge cuando deja de estar orientada al bien común”, resume Paredes. 

Uno de los aspectos que más preocupa al pontífice, añade, es el poder que concentran quienes controlan los datos, los algoritmos y los sistemas de la IA, una situación que podría afectar la Redes para construir comunidad.


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Lejos de rechazar el entorno digital, la Iglesia católica reconoce que las redes sociales también pueden convertirse en espacios para fortalecer vínculos, construir comunidad y transmitir mensajes positivos. Paredes recuerda que en un encuentro con misioneros digitales e influenciadores católicos, el papa León XIV invitó a utilizar estas plataformas para promover la paz, la esperanza y el diálogo, entendiendo que la evangelización también tiene hoy un escenario en el mundo digital. No obstante, advierte que las plataformas, por sí solas, no garantizan relaciones auténticas. 

“Las redes pueden acercarnos físicamente, pero no aseguran una verdadera comunión entre las personas”, explica. 

Según el sacerdote, la desinformación, la manipulación de contenidos y la pérdida de confianza representan algunos de los mayores riesgos del ecosistema digital porque terminan debilitando los vínculos humanos y dificultando el diálogo. 

Frente a estos desafíos, considera indispensable fortalecer el pensamiento crítico desde la familia, la escuela, la universidad y los medios de comunicación, además de promover una comunicación basada en la verdad, el respeto y la responsabilidad.

 “El verdadero progreso tecnológico no consiste en fabricar máquinas cada vez más inteligentes, sino en formar personas cada vez más humanas”, concluye Paredes.

Escenario para el delito

Aunque la Policía Metropolitana de Cúcuta aclara que no cuenta con un registro estadístico específico de los delitos cometidos a través de redes sociales —ya que las denuncias se clasifican según el tipo penal y no por el medio utilizado—, las cifras sobre criminalidad informática muestran que continúa en aumento. 

En lo corrido de 2026 se han recibido 598 denuncias por delitos informáticos, mientras que durante 2025 se registraron 973 casos. 

El delito más frecuente es el hurto por medios informáticos, con 416 denuncias este año, seguido por 95 casos de acceso abusivo a sistemas informáticos, 55 de violación de datos personales, 19 de transferencia no consentida de activos, ocho de suplantación de sitios web para capturar información personal, cuatro de interceptación de datos y un caso de daño informático. 

Las modalidades más recurrentes identificadas por la Policía Metropolitana corresponden a fraudes cometidos a través de internet, pagos en línea, banca móvil, cajeros automáticos y, en menor medida, mediante correos electrónicos y redes sociales, donde se presentan esquemas de spam y scam para engañar a los usuarios. 

Según la institución, las investigaciones relacionadas con material de abuso sexual infantil  evidencian una mayor interacción de los agresores a través de plataformas como TikTok y X (antes Twitter), utilizadas para establecer contacto con posibles víctimas. 

Las autoridades advierten que los perfiles más vulnerables son los adolescentes, adultos mayores, comerciantes y personas que hacen compras o ventas por internet.

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