¿Un emoji, un código o algo más? El lenguaje digital de los adolescentes que desafía a los adultos
Las redes sociales transformaron la manera en que los jóvenes expresan sus emociones y se relacionan. Expertos advierten que el contexto y los cambios en el comportamiento son más importantes que aprenderse cada tendencia.
Para la mayoría de adultos, una conversación entre adolescentes en redes sociales se puede convertir en un dolor de cabeza por su complejo lenguaje. Los emojis, siglas, palabras en otros idiomas y combinaciones de símbolos pueden tener un significado diferente según el contexto en el que son empleados y pueden cambiar con el tiempo.
Lo que para algunos es una simple fruta o una expresión, para un joven puede tener mayor trascendencia e incluso dar a conocer un mensaje sin hacer uso de palabras.
En las redes sociales se ha transformado la manera en la que los adolescentes se comunican, las abreviaturas, números, emojis y expresiones tomadas de idiomas como el inglés, toman cada vez más fuerza.
Sin embargo, se trata de una forma de comunicación que se ha ido acoplando a las plataformas que utilizan los jóvenes en su día a día. Para Olga Lucía Hernández Vega, magíster en E-learning y Redes Sociales, docente investigadora, quien trabaja con niños y adolescentes, explica que la comunicación juvenil prefiere lo visual, inmediato y multimodal en comparación a anteriores generaciones.
Olga Lucía Hernández Vega, magíster en E-learning y Redes Sociales, docente investigadora.
"Hoy vemos que una conversación puede combinar texto, emojis, stickers, audios, memes, GIF, fotografías, videos cortos". No obstante, para la docente la importancia de esto no radica en lo que dicen sino en las emociones que el joven desea transmitir.
Asimismo, señala que la influencia de las tendencias que toman fuerza cada día en plataformas como TikTok, Instagram y Discord, dando paso a un lenguaje que mantiene actualizándose.
A todo esto, se debe sumar la influencia del inglés; videojuegos, música, series y creadores de contenido que incorporan en sus públicos expresiones en ese idioma que son tomadas por sus seguidores para mantener conversaciones cotidianas con su entorno.
El contexto es importante
Los emojis y el uso de siglas permiten expresar emociones como la ironía, sarcasmo o humor sin necesidad de recurrir a las palabras. Para la docente, esto ha tomado una relevancia de gran magnitud: que los jóvenes aprendan a reconocer en qué escenarios pueden usar el lenguaje informal y el apropiado para espacios profesionales o académicos.
Hernández asegura que se ha visto cotidiano entre sus estudiantes ese tipo de comunicación, que se evidencia en conversaciones informales, pero, también ha llegado a espacios netamente académicos e incluso en la forma de enviar un correo electrónico.
Por todo esto, considera que la solución no es prohibir el empleo de estas comunicaciones, sino enseñar que el lenguaje se debe adaptar según el contexto.
Cuando los adultos no entienden el lenguaje digital
Cuando un padre de familia o cualquier adulto que tenga un vínculo con el joven desconoce estos códigos se puede generar una desconexión. Para la docente, uno de los riesgos principales es que un padre pueda interpretar de manera equivocada una conversación o pasar por alto indicios de ciberacoso, grooming o manipulación.
Por otro lado, la comunicadora destaca que para los docentes conocer el lenguaje digital no debe ser sinónimo de vigilar de manera permanente cada conversación. Para ella, la alfabetización digital también debe incluir a las familias de los adolescentes.
Igualmente, subraya que las plataformas y sus códigos evolucionan con rapidez. Una expresión nueva puede dejar de utilizarse en cuestión de días, lo que obliga a los adultos a estar en aprendizaje constante.
Por último, resalta que esto no debe traducirse en que los adultos deban hablar como los jóvenes, sino que entiendan los espacios en los que se desenvuelven y tengan la capacidad de orientarlos. En ese proceso, la docente destaca la importancia de desarrollar el pensamiento crítico frente a los desafíos y riesgos que los jóvenes consumen y producen en internet.
En un entorno en el que los memes, emojis y otros códigos hacen parte de la comunicación cotidiana, para muchos es más fácil que decir directamente que están tristes, enojados o se sienten solos, además de evitar dar explicaciones sobre su estado de ánimo.
Esto no es necesariamente asociado con no saber comunicarse. Según explica el psicólogo Gabriel Pinilla, egresado de la Universidad Simón Bolívar, con maestría en Psicología Clínica y de la Salud, estas formas de expresión les permiten a los jóvenes manejar emociones vulnerables en una etapa donde la opinión de los demás tiene un peso relevante.
Gabriel Pinilla, magíster en Psicología Cínica y de la Salud.
Entonces, un emoji puede ser la manera más fácil de expresar lo que se siente sin exposición completa ante otras personas.
Por otra parte, Pinilla advierte que algunos de estos emojis pueden ser utilizados para esconder situaciones de riesgo, como cyberbullying, acoso sexual o para el consumo de sustancias alucinógenas.
Ante esto, reafirmó que el reto para los padres o tutores no es aprender todo lo que circula, sino mantener cercanía comunicacional con los hijos.
Las señales de riesgo
Los adolescentes no siempre emiten señales de ayuda. En la mayoría de casos, los indicios primarios de que algo no está del todo bien en sus vidas, se refleja en los comportamientos. "Podemos observar que el joven que se aísla más, que están irritables, ansiosos o tristes, sin ninguna explicación clara. Uno de los indicadores más significativos es que empiezan a dormir mal, que bajan su rendimiento académico o que dejan de disfrutar actividades que antes les gustaban", señaló Pinilla.
El especialista dijo que también se puede anexar el uso del celular, con muestras de angustia a la hora de recibir información, ocultar la pantalla de manera constante y evitar el uso de determinadas redes sociales.
En ocasiones, los padres de familia se preocupan por el rendimiento académico de sus hijos o el tiempo que pasan expuestos en las pantallas, pero detrás de eso podría existir una seria afectación emocional.
Más que intentar descifrar un emoji para cada cosa, el acompañamiento exige que se observe el conjunto de cambios que se evidencian en el adolescente.
¿Qué debe hacer un padre si encuentra una conversación inusual?
Cuando algo genera preocupación, la primera recomendación y más importante no es basar la reacción desde el miedo o la rabia. Una respuesta impulsiva puede hacer que un adolescente se cierre al diálogo, lo que lleva a que no se permita una comunicación asertiva.
Para el psicólogo antes de juzgar, es más importante conservar las evidencias, bloquear el contacto de ser necesario y activar una ruta de protección o denunciar según la gravedad del caso.
El objetivo, asegura, no es hacer una revisión del celular por revisar, sino mantener el canal de diálogo sin romper el vínculo de confianza.
El acompañamiento, sin duda, plantea una pregunta para las familias: ¿hasta qué punto se puede llegar a proteger sin vulnerar la privacidad?
Para Pinilla la clave está en hacer un cambio de verbos: vigilancia por el de acompañamiento. Los niños requieren supervisión. Pero en la medida que van creciendo, los adultos deben enseñarles a desarrollar criterio y autocuidado.
"Aquí no se trata de revisar el celular todos los días como si fuéramos un policía, sino de construir acuerdos claros sobre el uso de las redes sociales, los límites, con quién pueden tener interacción y qué hacer si llegan a sentirse incómodos o en una situación de riesgo o peligro", indicó.
En un escenario en el que hayan comportamientos razonables de comportamiento o se sospeche de que algo extraño ocurre ahí se debe haber intervención profesional. El objetivo principal del educador es que se busque el cuidado y no un control de carácter permanente.
¿Cómo hacer que su hijo le cuente los problemas?
Para que un adolescente le hable de lo que le ocurre en internet, la confianza no debe iniciar cuando ya están ante una situación riesgosa, por el contrario, según el psicólogo, la relación se debe formar todos los días y desde los estados tempranos.
"Los adolescentes necesitan sentir que pueden contar lo que les ocurre sin miedo a ser juzgados, ridiculizados o castigados inmediatamente", resalta.
El desafío no está en entender cada emoji o código, el reto está en el entorno que se mueven en el día a día, mantener espacios de diálogo y reconocer posibles cambios en el comportamiento.