Ismauir de Sousa pasó casi tres décadas en haciendas del norte de Brasil. Sin alimentación adecuada, durmiendo en tiendas plásticas y compartiendo agua con animales, estaba sometido a largas jornadas de trabajo. “Los reclamos al patrón a veces rendían en pago, otras en balas”, recuerda.
Rescatado en 2003, Ismauir, de 58 años, rememora el sufrimiento de aquellos años, días después de que el gobierno restringiera el concepto de trabajo esclavo, limitándolo a situaciones de privación de la libertad.
“Las condiciones eran tan malas que el sufrimiento comenzaba apenas salía de casa”, pero esa “era la única opción”, relató.
Con la nueva definición, casos como el de Ismauir no serían considerados. Tampoco el del Gildasio Silva, quien una década atrás, con 27 años y tres hijos, partió a una hacienda en Maranhao, en el noreste.
“Pasé seis meses en el campo y no recibí un centavo, siempre debía dinero, tenía que pagar las herramientas y la comida que ellos mismos vendían a precios absurdos”, cuenta.
Los críticos con la nueva legislación argumentan que con ella el gobierno de Michel Temer busca satisfacer a sectores de un Congreso que estaba próximo a votar una segunda denuncia en contra del presidente.
Un retroceso
Una de las críticas contra la nueva normativa es que desconoce la caracterización actual de condiciones análogas a esclavitud, que comprenden desde el trabajo forzado hasta el servicio por deuda, las condiciones degradantes y la jornada exhaustiva.
“Brasil va a llamar el trabajo esclavo con otro nombre, porque la ley no va a incluir estos casos y las personas dejarán de ser liberadas”, señaló Leonardo Sakamoto, consejero del Fondo de la ONU para Formas Contemporáneas de Esclavitud.
“Entre 75% y 90% de los casos identificados como trabajo esclavo se deben a jornadas exhaustivas y condiciones degradantes”, añadió Plassat.
La normativa también politiza la llamada “lista sucia” de trabajo esclavo, creada en 2003, que señala a quienes incurren en ese delito. Antes formulada por un equipo técnico, ahora quedaría únicamente en manos del ministro de Trabajo.
Sakamoto agrega que el trabajo esclavo reduce costos en las cadenas de producción, volviéndose competencia desleal. “¿Cuánto tardarán los productores de carne internacionales en denunciar a Brasil por competencia desleal?”, se pregunta.
