Comprar ropa, colchones, artículos para el hogar y algunos productos de aseo podría resultar más costoso, con la propuesta del Gobierno de adicionar los llamados ‘aranceles inteligentes’ de 10% y 20% a más de 120 bienes importados.
Para la directora del programa de Contaduría de la Fundación Universitaria Agraria de Colombia (Uniagraria), María Fernanda Bustos, la iniciativa puede tener sentido, si se utiliza como una herramienta de política más industrial y de manera focalizada, que sea temporal y con evaluación muy estricta y rigurosa.
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“Como está planteado el proyecto en este momento, puede haber un riesgo de que termine siendo un impuesto más bien regresivo; y eso va a afectar directamente el bolsillo de cada uno de los ciudadanos, porque puede generar precios mucho más altos en esos bienes que todos usamos en nuestra cotidianidad”, agregó Bustos.
Al explicar el efecto regresivo, la académica mencionó que se debe a que encarecería textiles, colchones, artículos de cama, elementos de aseo personal, prendas de vestir, artículos de uso en la cocina, entre otros.
El director de la Escuela de Negocios y Desarrollo Internacional de la Universidad Politécnico Grancolombiano, Sebastián Chacón Marín, también consideró que la propuesta de aumentar aranceles podría tener efectos en los Índices de Precios al Consumidor (IPC) y al Productor (IPP) y sobre la competitividad para exportar.
“También generaría conflictos con los socios comerciales, debido a que podría tener reciprocidad en algunos artículos, afectando la balanza comercial colombiana. Además, cuando suben los aranceles, hay un riesgo para el contrabando, un problema latente todavía en la economía colombiana”, aseguró Marín.
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Incentivo a la producción nacional
La experta María Fernanda Bustos destacó que, por otro lado, la medida incentivaría la producción y la industrialización nacional, lo cual sería bueno. Resaltó que se calcula que los aranceles tengan una vigencia de un año, por lo que a partir de allí se reestablecerán los actuales.
Sebastián Chacón, además de concordar con lo anterior, dijo que esos ‘aranceles inteligentes’ impulsarían la competitividad del empresariado colombiano ante los bajos costos de productos provenientes de Asia, principalmente de China, y que se venden a través de las plataformas digitales, así como contribuir a la formalización de pequeñas y medianas empresas manufactureras y generación de empleo.
Los grupos de productos
- Artículos de uso doméstico (ganchos de madera para colgar ropa, envases de papel o cartón y asientos y tapas de inodoros fabricados en plástico). Alza de 10% para 20% final.
- Productos de decoración y aseo personal (cofrecillos, estuches, objetos de marquetería o adorno de madera, asientos con armazón metálico, colchones, cepillos para el cuidado personal, desde los de dientes hasta los de afeitar, cabello, pestañas y uñas). Alza de 10% para 25% final.
- Artículos industriales y del sector moda (vidrios de seguridad templados, suelas y tacones fabricados en caucho o plástico, cierres de cremallera que no tienen dientes de metal común y botones de presión o de plástico). Alza de 20% para 30% final.
- Artículos de vidrio para cocinar, prendas de vestir y guantes elaborados en cuero natural o regenerado, sombreros y tocados, mantas de fibras sintéticas y toda la línea de ropa de cama como sábanas de algodón o de fibras sintéticas, edredones, cobertores, colchas y cubrepiés. Alza de 20% para 35% final.
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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) informó que el proyecto de decreto está orientado a fortalecer la producción nacional, mejorar las condiciones de competencia en el mercado interno y corregir las distorsiones asociadas al incremento de importaciones provenientes de países con los cuales Colombia no tiene acuerdos comerciales vigentes.
“Los aranceles inteligentes hacen parte de esa respuesta. No parten de una lógica uniforme frente al comercio internacional, sino de una lectura de las capacidades productivas del país y de las necesidades de cada cadena de valor”, explicó la MinCIT, Marcela Morales Rojas.
La ministra recalcó que la transformación productiva exige instrumentos capaces de responder a una economía internacional cada vez más compleja, marcada por profundas asimetrías de competencia, procesos de relocalización productiva y una creciente disputa por la generación de valor agregado.
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