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Aunque la semana pasada la Cámara Colombiana del Libro resaltó el buen comportamiento de las ventas editoriales en el país, un negocio que en 2014 movió cerca de $900.000 millones, la situación en Cúcuta es totalmente diferente.
La falta de compradores, la piratería y el bajo nivel de lectura que tienen los cucuteños, son algunas de las causas que hicieron del año anterior, uno de los más difíciles para este sector comercial de la ciudad.
La baja dinámica de la venta de libros en Cúcuta se evidencia en la escasez de librerías que tiene la región. Según los registros del Observatorio Económico de la Cámara de Comercio de Cúcuta, en Cúcuta y el área metropolitana hay 380 negocios registrados bajo el concepto de ‘comercio al por menor de libros, materiales y artículos de papelería’. Sin embargo, de esa cantidad, solo 15 combinan la venta de artículos escolares con los de literatura (generalmente escolar) y 5 se dedican únicamente a la venta de libros.
Y es que sostener este tipo de negocios en la actualidad no es nada fácil. Gloria López, gerente de la papelería y librería Builop –un negocio que tiene más de 16 años de existencia– indicó que el año pasado fue uno de los más complicados, ya que las ventas bajaron cerca de un 50%.
A la ausencia de clientes venezolanos, que de acuerdo con el sondeo efectuado por La Opinión, eran los principales compradores, se suman los negocios callejeros, en donde se consiguen libros piratas por menos de $10.000, que en los almacenes legales pueden superar los $30.000.
“Mientras pagamos impuestos, ellos no pagan nada”, señala la hermana Fanny Zapata, encargada de la librería Paulinas, quien además confirma que los venezolanos representaban gran parte del mercado. El problema, según Zapata, es que “los cucuteños leen, pero muy poquito”.
Los libros escolares representan una gran oportunidad para las librerías, pero en los últimos años, esta situación ha ido cambiando. Y es que, a diferencia de lo que sucedía antes, los padres no tienen que salir a buscar los libros a las calles, pues en los colegios se los ofrecen a veces hasta con mayores descuentos que en las librerías.
Un ejemplo del impacto de este fenómeno, lo da López, que para las temporadas tenía que contratar hasta 10 personas y ahora las dos empleadas de planta son suficientes para todas las épocas del año.
María Gélvez, una empresaria que se dedica a la compra- venta de libros usados, aseguró que la venta –tanto de obras literarias como de libros escolares– bajó un 30% en el primer trimestre, siendo esta una dinámica que va aumentando cada año.
