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Editorial
Las semillas del perdón y la reconciliación
Se trata de un poderoso mensaje de reconciliación para los colombianos y el mundo por parte de quien llegó a soportar vejámenes de sus captores que hasta le daban agua con gasolina cuando tenía sed.
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La opinión
La Opinión
Martes, 28 de Julio de 2026

Pese a las condiciones inhumanas a las que estuvo sometida durante su largo secuestro, muy lejos de su natal Colombia, a manos de uno de los más despiadados grupos terroristas como Al Qaeda, la monja Gloria Cecilia Narváez decidió perdonarlos.

Se trata de un poderoso mensaje de reconciliación para los colombianos y el mundo por parte de quien llegó a soportar vejámenes de sus captores que hasta le daban agua con gasolina cuando tenía sed.

Ni esos peligrosos sorbos ni las cadenas que la acompañaron ni las inclemencias propias del desierto del Sahara la doblegaron, pero tampoco le llenaron de odio o rencor su corazón.

Por el contrario, lo que en ese cautiverio germinó fue la semilla de la reconciliación que hoy la hermana Gloria Cecilia sigue regando para mostrarles a sus semejantes que antes de responderles con violencia a los violentos hay otras opciones.

Para un país como Colombia, surcado por el conflicto armado, oírla decir que a pesar de haber estado encadenada su determinación fue “no encadenar a nadie ni marcar a las personas ni hablar mal de ellas, sino mirarlas siempre con misericordia”, constituye una gran esperanza.

Escuchar a quien vivió semejante episodio hablar de esa manera, y reseñando que el dolor, el sufrimiento y la esperanza son semilla de reconciliación, abre nuevas rutas hacia la solución en paz de los grandes desafíos que enfrentan los colombianos.

Resulta bueno el ejercicio de tomar esas palabras, analizarlas y ponerlas en el contexto histórico que enfrentó la religiosa, para sacar de allí las mejores conclusiones.

Y la otra recomendación es empezar a aplicar estas opciones, en una perfecta concordancia con la aplicación de las acciones del Estado, tanto en materia de aplicación de justicia como de mejoramiento de las condiciones socio-económicas de la población.

Para Norte de Santander y en especial el Catatumbo que en el último año y medio ha vivido la peor crisis humanitaria de la historia, con los más altos casos registrados de desplazamiento forzado, homicidios, desapariciones y hostilidades, en medio de la guerra que libran el Eln y la disidencia de las Farc, hay un aparte de la entrevista de la madre Gloria Cecilia Narváez con La Opinión, que sirve para la reflexión en este momento. 

“A quienes han sido desarraigados de sus tierras o han perdido a sus seres queridos por la violencia, los invito a dejar el odio y a perdonar, porque los rencores nos enferman, mientras que el perdón nos libera”.

Pero claro que también hay una consideración que también se ajusta a los factores generadores de violencia en la región y el país que, por lo demás, son muy semejantes en su manera de infligir dolor, muerte y destrucción en los territorios que intentan someter.

“El mal nunca triunfa, siempre triunfa el bien. Yo veía que mis captores vivían con miedo; cuando eran perseguidos, temblaban, y yo oraba por su conversión. El odio nos enferma, pero el perdón nos libera”, fue la expresión de la hermana franciscana en torno a estas organizaciones criminales.

Y estas palabras de la hermana Gloria Cecilia Narváez hay que acogerlas en todas sus letras: “brindemos palabras de libertad, desarmemos el corazón y volvamos a la cultura del encuentro, dejando atrás las rivalidades y el odio que nos enferma”.


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