Después de conquistar al público en los escenarios, Elder Dayán Díaz decidió aceptar un reto completamente distinto: sentarse del otro lado del espectáculo.
El cantante vallenato, reconocido como uno de los principales exponentes de la nueva generación del género, se convirtió en la gran novedad de la undécima temporada de Yo me llamo, el concurso de imitación de Caracol Televisión que regresó esta semana con nuevas sorpresas, el regreso de Yo me llamo mini y un renovado equipo de jurados.
Hijo del fallecido Diomedes Díaz y con una carrera que lo ha llevado a obtener certificaciones de Oro y Platino gracias a producciones como Ya llegó, Presente, El conquistador, Tiempo de victoria, Descontrol total y Homenaje de oro, el artista de 38 años ahora tiene la responsabilidad de evaluar el talento de quienes sueñan con convertirse en el doble perfecto de sus ídolos.
Al lado de Amparo Grisales, César Escola y Aurelio Cheveroni, Elder enfrenta un papel desconocido para él, pero que asumió con el mismo entusiasmo con el que construye su carrera musical.
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La Opinión conversó con el cantante sobre este nuevo desafío.
¿Esta es su primera experiencia como jurado en televisión. ¿Qué fue lo primero que sintió al sentarse junto con figuras como Amparo Grisales, César Escola y Aurelio Cheveroni?
Principalmente sentí mucha emoción, pero también muchos nervios. Esto es algo a lo que no me dedico y, aunque soy un hombre de retos, sabía que iba a compartir mesa con personas que son el alma de este programa. El maestro Escola lleva nueve temporadas y Amparo toda la historia de Yo me llamo, así que existía ese temor de no ser lo suficientemente objetivo.
Sin embargo, me encontré con todo lo contrario. Ellos me recibieron con mucho respeto y paciencia. Me han enseñado cosas para el programa y también para mi vida profesional. Estoy muy feliz. Además, con Aurelio tenemos una tomadera de pelo permanente que hace todo mucho más divertido.
Como artista que aún está en plena carrera, ¿qué tan difícil es decirle a un participante que todavía no está listo para continuar en la competencia?
Es lo más difícil de este trabajo. Uno tiene al frente a una persona que llega cargada de ilusiones y con el sueño de trascender. Tener que decirle que ese día no fue suficiente o que aún le falta preparación no es sencillo.
Yo siento que aquí no estamos calificando solamente artistas; estamos calificando sueños. Y convertirse en el obstáculo del sueño de alguien nunca será una tarea fácil.
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Usted habló de aportar valor con cada comentario. ¿Qué tipo de jurado quiere que descubra el público: el técnico, el artista o el ser humano?
Lo técnico ya lo tienen Amparo y César, que son expertos en eso. La gente va a descubrir al mismo Elder Dayán que conoce en las tarimas: el espontáneo, el alegre, el dicharachero, el que siempre está haciendo bromas.
Yo no vine a convertirme en un robot. Vine a ser auténtico y creo que esa fue una de las razones por las que el canal quiso que hiciera parte del programa: para aportar esa energía que me caracteriza.
El vallenato hace parte de su esencia, pero en Yo me llamo debe evaluar todos los géneros musicales. ¿Cómo se preparó para asumir ese reto con objetividad?
Gracias a Dios tengo un oído bastante versátil. En mis conciertos interpreto salsa, rancheras y muchos otros géneros, así que eso me facilita entender diferentes estilos musicales.
Lo que sí hago es estudiar mucho a cada artista antes de su presentación para conocer mejor su forma de cantar y poder ser justo al momento de evaluarlo.
Lo más complicado han sido los artistas en inglés porque no hacen parte de mi repertorio habitual. Ahí el maestro Escola y Amparo me han ayudado muchísimo para comprender mejor esos personajes y no quedarme corto en mis comentarios.
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Si un participante llega a imitar a Elder Dayán, ¿qué tiene que hacer para convencerlo de que realmente “sí se llama”? ¿Y qué busca en un imitador de Diomedes Díaz?
Quien quiera imitarme tiene que transmitir alegría, tener ese sabor costeño y lograr esa voz ronquita que tanto me caracteriza.
En el caso de mi papá es mucho más exigente. Diomedes tenía una personalidad muy marcada. Primero que todo, la pinta: mi papá era muy excéntrico en su vestimenta, la voz, el ojito, la forma de mover las manos y su presencia en el escenario. Hay muchísimos detalles para estudiar, por eso lograr un buen Diomedes no es nada sencillo.
En el primer capítulo vimos un homenaje a Yeison Jiménez que estuvo a su cargo. ¿Cómo fue esa experiencia?
Me sentí muy orgulloso de que la producción me escogiera para hacer ese homenaje. Tocamos con los músicos originales de Yeison y fue una presentación completamente en vivo.
No se trataba de imitarlo, sino de interpretarlo desde lo que soy como Elder Dayán. Además, tuve una bonita amistad con él y fue muy especial rendirle ese homenaje precisamente en un programa donde él dejó una huella importante.
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¿Qué consejo les da a quienes llegan a Yo me llamo con la ilusión de convertirse en el doble perfecto de un artista?
Que se enamoren del personaje que escogieron. Hay participantes que cantan muy bien, pero todavía están lejos de parecerse al artista que quieren interpretar.
También les doy otro consejo: si descubren que tienen una gran voz y un estilo propio, quizá sea el momento de construir su propia carrera musical. Muchos tienen el talento suficiente para brillar sin necesidad de parecerse a alguien más.
Como representante del vallenato, seguramente será uno de los más exigentes cuando aparezcan imitadores de ese género. ¿Cómo ha vivido esa experiencia?
Me emocionó muchísimo ver tantos participantes de vallenato. Me siento el representante del género dentro del programa y, por supuesto, voy a defenderlo con mucho orgullo.
El nivel es muy alto. El proceso de selección fue bastante exigente y el público verá imitadores de artistas como Felipe Peláez, Karen Lizarazo, Diomedes Díaz, Martín Elías e incluso de Elder Dayán. Esta es un sorpresita.
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¿Cómo recibió su familia esta nueva faceta como jurado?
Mis hijas vivieron toda la experiencia conmigo y estuvieron muy pendientes de lo que pasaba. Lo que más les preocupaba era que yo fuera a pelear con Amparo.
Me decían: “Papi, no vayas a discutir con ella”. Yo les respondía que mi intención era ganarme su cariño y trabajar como su aliado.
Hasta mi mamá me dio el mismo consejo. Al final, todos están felices y orgullosos de verme asumir este nuevo reto.
Además del vallenato, ¿qué artistas o géneros lo han sorprendido en esta temporada?
Me gustaron muchísimo los participantes de salsa, un Marc Anthony muy bueno, también un José José y una interpretación de Aída Cuevas que me sorprendió bastante.
La verdad es que esta temporada está llena de talento. Hay personajes muy bien trabajados y el público se va a encontrar con imitaciones de un nivel impresionante. Estoy seguro de que será una edición que dará mucho de qué hablar.
Con esa mezcla de experiencia, espontaneidad y cercanía, Elder Dayán inicia una etapa distinta en su carrera. Ahora ya no es él quien recibe los aplausos desde el escenario, sino quien tiene la responsabilidad de decidir qué concursantes están realmente listos para escuchar una de las frases más esperadas del programa: “Sí se llama”.
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