Hay personas cuyo legado trasciende el tiempo porque siembran su pasión en los demás. Así fue Margarita Eugenia Acevedo Meza, la bailarina y maestra cucuteña que dedicó más de cinco décadas a formar artistas, impulsar la danza clásica y demostrar que el ballet podía convertirse en un proyecto de vida para cientos de niñas y jóvenes de la región.
Su nombre quedó ligado para siempre al desarrollo cultural de Cúcuta. No solo por el talento que la llevó a presentarse desde muy pequeña en escenarios como el Teatro Colón de Bogotá, sino porque decidió regresar a su tierra para construir allí una escuela que transformó el panorama artístico de Norte de Santander.
El pasado 25 de junio, a los 76 años, Margarita Acevedo falleció en Cúcuta, ciudad donde escribió la mayor parte de su historia. Sin embargo, quienes la conocieron coinciden en que su verdadera despedida ocurrió mucho antes, cuando cientos de alumnos comenzaron a multiplicar sus enseñanzas dentro y fuera del país.
Su historia empezó en una familia donde el arte era parte de la vida cotidiana. Era hija del periodista José Gregorio Acevedo y de la pianista Ana Francisca Meza, una mujer enamorada del ballet que despertó en su hija la curiosidad por la danza desde muy pequeña.
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La disciplina, la elegancia y la delicadeza de sus movimientos la convirtieron en una de las bailarinas más destacadas de su generación.
Era conocida entre sus compañeros como “Brazos Lindos”, un apodo que resumía la armonía de sus movimientos sobre el escenario, mientras que su extraordinaria flexibilidad despertaba admiración entre quienes compartían clases con ella.
Uno de los recuerdos más especiales de su carrera ocurrió cuando tenía apenas 12 años y se presentó por primera vez en el Teatro Colón de Bogotá interpretando Las sílfides. Décadas después todavía hablaba de ese momento con emoción.
“Fue impresionante porque era la primera vez que me presentaba en el Teatro Colón y fue una sensación indescriptible”, recordó durante una entrevista concedida a La Opinión en 2017.
Aunque pudo continuar construyendo una carrera artística fuera de la ciudad, eligió otro camino. El amor también influyó en esa decisión.
“Me enamoré de un hombre maravilloso y un gran escritor, Guillermo Maldonado. Me casé, tuve mis tres hijos y me quedé con la enseñanza del ballet”, contó entonces.
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