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Margarita Acevedo, la mujer que enseñó a Cúcuta a bailar ballet
La bailarina dedicó más de cinco décadas a formar generaciones de artistas y convirtió el ballet en una parte esencial de la historia cultural de la ciudad.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 1 de Julio de 2026

Hay personas cuyo legado trasciende el tiempo porque siembran su pasión en los demás. Así fue Margarita Eugenia Acevedo Meza, la bailarina y maestra cucuteña que dedicó más de cinco décadas a formar artistas, impulsar la danza clásica y demostrar que el ballet podía convertirse en un proyecto de vida para cientos de niñas y jóvenes de la región.

Su nombre quedó ligado para siempre al desarrollo cultural de Cúcuta. No solo por el talento que la llevó a presentarse desde muy pequeña en escenarios como el Teatro Colón de Bogotá, sino porque decidió regresar a su tierra para construir allí una escuela que transformó el panorama artístico de Norte de Santander.

El pasado 25 de junio, a los 76 años, Margarita Acevedo falleció en Cúcuta, ciudad donde escribió la mayor parte de su historia. Sin embargo, quienes la conocieron coinciden en que su verdadera despedida ocurrió mucho antes, cuando cientos de alumnos comenzaron a multiplicar sus enseñanzas dentro y fuera del país.

Su historia empezó en una familia donde el arte era parte de la vida cotidiana. Era hija del periodista José Gregorio Acevedo y de la pianista Ana Francisca Meza, una mujer enamorada del ballet que despertó en su hija la curiosidad por la danza desde muy pequeña.


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La disciplina, la elegancia y la delicadeza de sus movimientos la convirtieron en una de las bailarinas más destacadas de su generación.

Era conocida entre sus compañeros como “Brazos Lindos”, un apodo que resumía la armonía de sus movimientos sobre el escenario, mientras que su extraordinaria flexibilidad despertaba admiración entre quienes compartían clases con ella.

Uno de los recuerdos más especiales de su carrera ocurrió cuando tenía apenas 12 años y se presentó por primera vez en el Teatro Colón de Bogotá interpretando Las sílfides. Décadas después todavía hablaba de ese momento con emoción.

“Fue impresionante porque era la primera vez que me presentaba en el Teatro Colón y fue una sensación indescriptible”, recordó durante una entrevista concedida a La Opinión en 2017.

Aunque pudo continuar construyendo una carrera artística fuera de la ciudad, eligió otro camino. El amor también influyó en esa decisión.

Me enamoré de un hombre maravilloso y un gran escritor, Guillermo Maldonado. Me casé, tuve mis tres hijos y me quedé con la enseñanza del ballet”, contó entonces.


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Aquella decisión terminó cambiando la historia de la danza en Cúcuta.

Durante más de cincuenta años dirigió la Academia de Ballet Margarita Acevedo, donde enseñó a varias generaciones. Algunas de sus alumnas se convirtieron en bailarinas profesionales y llegaron a integrar importantes compañías internacionales, especialmente en Alemania.

Su vocación docente también la llevó a trabajar en la Universidad de Pamplona, la Universidad Libre de Cúcuta, la Escuela de Danza de San Cristóbal, Venezuela, el Centro Cultural Municipal y la Secretaría de Cultura de Cúcuta. Además, fue invitada como coreógrafa por la Universidad de Los Andes, en Mérida.

Pero Acevedo no solo enseñaba técnica. Con el paso de los años desarrolló una metodología propia basada en su experiencia, convencida de que el ballet también podía ser una herramienta para fortalecer la autoestima, la disciplina y el bienestar físico.


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Su espíritu innovador quedó demostrado cuando organizó el primer Festival de Danza-Jazz realizado en Cúcuta, un evento pionero que reunió figuras nacionales e internacionales y abrió un espacio que hasta entonces era inexistente en la ciudad.

Fuera de los salones de ensayo encontraba felicidad junto a sus hijos Adriana, Catalina y José Guillermo, sus nietos y sus inseparables gatos, protagonistas de muchas de las anécdotas que compartía con humor.

Cuando en aquella conversación de 2017 le preguntaron cómo quería ser recordada, respondió con una frase sencilla que hoy resume toda una vida dedicada al arte: “Como una mujer de buen humor, que le gustaba reír y que amaba el ballet”.

Quizá esa sea la mejor definición de Margarita Acevedo. Una bailarina brillante, una maestra exigente y una mujer que entendió que el verdadero éxito no estaba únicamente en los aplausos, sino en ver cómo sus alumnos seguían danzando cuando ella ya había dejado el escenario.


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