Cuando Donald Trump anunció que sería candidato a la presidencia de los Estados Unidos en junio de 2015, lo hizo con un discurso cargado de discordia al fustigar a países como China y México, “por quitarles empleos”.
Además hubo un gesto de prepotencia al afirmar: “Soy el líder que necesita este país para salir adelante, por eso voy a postularme a las elecciones y seré el próximo presidente”.
También mostró sus intenciones de cerrarse al mundo al asegurar que construiría un muro en la frontera con México. Además anunció que su país saldría de aquellos tratados y organizaciones en los que aporta mucho y gana poco. Su rival, la demócrata Hillary Clinton, fue blanco de duras agresiones verbales durante los debates presidenciales y tildada de “deshonesta”. “Me sentí intimidada en algún momento”, comentó Clinton.
Dos años después, Trump llega a sus primeros 365 días en el gobierno con el mismo discurso, pero esta vez no ante una candidata, sino ante sus homólogos. Además de tratar de implantar esa política exterior de ausentismo en los grandes temas globales que prometió en campaña.
Para el analista internacional y profesor de la Universidad del Rosario, Rubén Sánchez, la política internacional que ha implementado el presidente Donald Trump es “muy confusa” y ha sembrado incertidumbre en el rol de líder que debe jugar Estados Unidos en el mundo. “Su mensaje es muy contradictorio, especialmente durante su gira en Asia, y es que quiere dejar satisfechas a partes con intereses contrapuesto y por eso pierde credibilidad y respeto. En Asia bajó la guardia”.
Explica que el mundo se ha hecho una percepción de retirada por parte de Estados Unidos de los asuntos globales como el cambio climático o los grandes tratados comerciales y agrega que esto abre las puertas a otras potencias como China, Japón, Rusia, y los estados europeos; para tomar control en todos esos asuntos mundiales. “Las potencias emergentes cada vez ganan más peso mundial y Washington lo pierde”, advierte.
Sánchez apunta que el discurso de Trump, marcado por acaloradas discusiones con adjetivos agresivos contra líderes contrarios a sus intereses y también contra los aliados, no solo lo desacreditan a él, sino al país.
“No existe una estrategia clara. Vemos como China acaba de enviar un emisario para acercarse a Corea del Norte, mientras que Trump sigue en una escalada de insultos contra el presidente norcoreano (Kim Jong-un) porque esos son sus códigos. Pero hay un riesgo de destrucción global de por medio, se debe ser prudente”.
El descenso de un imperio
Para el también internacionalista y profesor universitario Andrés Molano, la gran preocupación de Trump es que Estados Unidos ya no es la gran súper potencia hegemónica porque económicamente le han surgido otras muy poderosas como China y Rusia. Eso lo ha llevado a cerrarse al mundo para tratar de hacerse fuerte dentro de su territorio, entre su gente. “Existen dos tipos de políticas: La de apertura, de multiculturalismo; como la que desarrolló el presidente Barack Obama, o la de aislamiento, tratando de concentrarse en los problemas internos y esa es su opción”.
“A Trump no le interesa negociar especialmente con países antagónicos como Irán, China, Corea del Norte. Y tampoco le importa tener muchos amigos, por eso se ha peleado con la Unión Europea y se ha distanciado de todos sus aliados”, analiza Molano.
Ese temperamento diplomático lo ha llevado a tener tensas relaciones con Rusia, país con el cual Washington tiene diferencias por el conflicto en el Medio Oriente, especialmente en Siria, aunque ha tenido muy bajo perfil ante el presidente Vladimir Putin, quien es señalado de haber influido para que Trump llegara a la Casa Blanca. “En este punto hay que resaltar que Estados Unidos no buscará una confrontación con Rusia, porque es muy probable que los rusos ante un panorama bélico hagan una alianza con China, su vecino y con el que tiene muchas coincidencias de ideología y cultura”, piensa Molano.
Sobre la salida del acuerdo de París (cambio climático), Molano asegura que se trata de “un impulso personal” que afecta a Washington por el ausentismo. “Es un fanfarrón que se cree un Jhon Wayne en el Oeste, jugando a cargarse a los bandidos. Responde a sus impulsos. Es más blando en sus acciones que en los discursos, porque seguramente los asesores le deben aclarar lo errado que está y eso lo lleva a corregir. Sus retiradas de acuerdos y tratados de comercio hacen retroceder o descender a Estados Unidos y perder terreno, ante potencias en franco ascenso”.
Álvaro Bonilla Naxos, experto en lenguaje corporal y miembros de la Academia de precisa que el mentón siempre alto del presidente Donald Trump, su rostro marcado por una media sonrisa y un cejo semi arrugado, además del uso de la fuerza al estrechar las manos con sus interlocutores, denotan las características de un vaquero del oeste estadounidense. “Su semblanza es la de un vaquero del oeste estadounidense que quiere imponer su fuerza ante el resto de sus interlocutores”.

Javier Vargas 1 javier.vargas@laopinion.com.co
