El impacto de una bala en la ventana de un restaurante, una o dos velas en una acera, una simple inscripción o un montón de cruces de madera en homenaje a todas las víctimas, son imágenes de los asesinados de Chicago, las tragedias diarias que afectan a la tercera ciudad de Estados Unidos, donde la violencia por armas de fuego es más cruda que en cualquier otra metrópolis del país.
La ciudad de Chicago está azotada por una criminalidad endémica. Desde principios de año, 3.300 personas han sido víctimas de armas de fuego, de las cuales 620 perdieron la vida, según datos actualizados periódicamente por el diario Chicago Tribune.
Esto es dos veces más muertes que el total de las dos ciudades más grandes de Estados Unidos, Nueva York y Los Ángeles. “Las personas que están en estas fotos nunca sabrán si tendremos un nuevo alcalde, un nuevo presidente (...).
No les hemos dado la oportunidad de vivir sus vidas”, dice Jim Young fotógrafo canadiense quien hizo esta crónica durante seis meses con una simple cámara instantánea, como las popularizadas por Polaroid. Cada foto una historia, en los marcos blanco de cada foto, el nombre de la víctima. En total: 100 vidas perdidas en manos de la violencia.