La Universidad de Pamplona atraviesa una nueva disputa por el control de su rectoría después de que el Consejo de Estado anuló la elección de Ivaldo Torres Chávez para el periodo 2025-2028.
Ahora, el temor que existe, no solo en los distintos estamentos del alma mater, sino también entre los habitantes de la fría Pamplona, es que los mismos miembros del Consejo Superior Universitario que llevaron a Torres a la rectoría en la recién anulada elección lo vuelvan a hacer en el proceso que está por ser convocado a partir de la próxima semana.
La Sección Quinta determinó que el Consejo Superior Universitario no podía elegirlo para un tercer periodo consecutivo, debido a que el estatuto institucional permitía una sola reelección. La decisión también dejó sin efectos el Acuerdo 051 del 4 de diciembre de 2024.
Pero la salida de Torres no significó el final de la discusión sobre quién tendrá el control de la institución durante el nuevo proceso de elección.
El 31 de julio de 2026, en una discutida sesión de la que aún no se conoce el acta porque no ha sido publicada, el Consejo Superior Universitario designó como rectora encargada a Laura Patricia Villamizar Carrillo, mediante el Acuerdo 047.
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La designación ha generado cuestionamientos dentro de sectores de la comunidad universitaria debido a la relación profesional que Villamizar ha mantenido durante años con la administración de Torres. Antes de llegar a la rectoría, ocupó, entre otros cargos, la Vicerrectoría Académica de la institución.
Un encargo que abrió nuevas preguntas
El punto que genera mayor controversia no es solamente quién asumió temporalmente la rectoría, sino las decisiones que ha adoptado o estudiado el Consejo Superior después de la sentencia del Consejo de Estado, algo sobre lo cual, hasta el cierre de la presente edición, no se han pronunciado la Universidad de Pamplona ni el mismo CSU frente a las solicitudes de La Opinión.
Según documentos y cuestionamientos conocidos en el entorno universitario, antes de la sesión del 31 de julio fueron presentadas varias recusaciones contra el representante de los exrectores. Los argumentos planteados cuestionaban su participación en las decisiones del Consejo Superior por su inscripción como aspirante en una convocatoria anterior y por declaraciones públicas relacionadas con el proceso de elección.