Un tinto acompaña el despertar de decenas de campesinos en Norte de Santander, que laboriosos salen al campo antes de que despunte el sol en el horizonte. En las travesías por potreros y parcelas comúnmente se encuentran con panales de abejas y la reacción luego de correr sin sudar ni una gota, es quemarlas, evitando ser picados pero destruyendo a uno de los insectos más importantes de los ecosistemas.
Las abejas son el grupo más importante de polinizadores y el 90 por ciento de las especies vegetales son polinizadas por ellas. Aunque hay mariposas, moscas, escarabajos, avispas, murciélagos, aves, lagartos y mamíferos que son importantes polinizadores, ninguno logra el predominio numérico de visitantes florales como las abejas.
La polinización es vital para la formación de frutos en las plantas y sin este proceso natural los humanos morirían de hambre. Sin embargo, las abejas nativas están desapareciendo y desde 1969 ese trabajo lo cumplen, en su mayoría, las abejas africanizadas, especie invasora que ingresó al continente por Brasil en 1957. La extinción de estos insectos es un fenómeno que se ha generalizado en la Tierra.
Así, para contrarrestar fenómenos como la extinción, evitar la quema y favorecer la producción de alimentos, el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) está enseñando a los campesinos de cinco municipios de Norte de Santander a capturar las abejas silvestres y montar apiarios cerca de los cultivos.
De esa forma se incentiva la convivencia con los insectos y se ofrecen alternativas productivas para que los campesinos tengan otras opciones de negocio.
Captura, toda una aventura
El panal colgaba de las ramas de un árbol y el blanco humo que se apoderó del ambiente hizo que del interior salieran 30.000 abejas. El zumbido de los insectos asustó a los aprendices, mientras el instructor retiraba los panales para ponerlos en cuadros de madera y formar una nueva colmena (ver paso a paso en fotografías).
La escena, vivida en la vereda Guaduas de San Cayetano, hizo parte de las capacitaciones que está dictando Ignacio Miguel Silva Hernández, instructor técnico apícola del Sena, en ese municipio y en Chinácota, Mutiscua, Herrán y próximamente en Santiago.
“Luego de la captura se tecnifica el enjambre y se instala en una finca para la explotación y manejo. De una colmena como la capturada, bien manejada, se pueden obtener entre 45 y 50 kilos de miel por cosecha (al año hay dos). Es importante saber que una abeja debe recorrer 4,5 millones de flores para producir un kilo de miel”.
Silva Hernández manifestó que en la región las abejas son un hibrido entre nativas y africanizadas y urge hacer un repoblamiento para hacerle frente a la extinción.
“Las capacitaciones han redundado en campesinos comprometidos con el cuidado de las abejas, al punto de que en Herrán, los cultivadores de mora empezaron a establecer un matrimonio con los insectos montando apiarios”.
En Mutiscua, de acuerdo con Luz Marina Pabón Villamizar, presidenta de la Asociación de Agricultores (Asoagrimutis), los 20 campesinos que tienen las fincas certificadas están capacitándose para aprovechar a las abejas en la polinización de frutales.
“Las capturas de abejas han sido una aventura fascinante. Conocer el complejo trabajo de los insectos y su importancia hizo que cambiáramos de pensamiento y ahora convivimos con ellas”.
Urgen estudios
Diana Alexandra Torres Sánchez, química de la Universidad Nacional, doctora en química de la Universidad Nacional y con posdoctorado en calorimetría de la universidad Libre de Berlín (Alemania), afirma que en Colombia no hay estudios biológicos y por tanto no se han hecho seguimientos a mediano y largo plazo que permitan ejecutar estrategias de conservación.
“Colciencias como ente investigador debe facilitar que estudiantes y científicos se puedan desplazar a los territorios. Además, si la meta es conservar las especies de abejas, deben cambiarse las políticas agrarias colombianas, donde se autorizan talas y no se respetan los corredores biológicos para los insectos”.
La académica Torres Sánchez señaló que las causas por las que se extinguen las abejas son plagas y parásitos introducidos como el ácaro Varroa, cambios ambientales bruscos en los ecosistemas, la pérdida de alimentos florales que impacta la nutrición y por ende la salud de las abejas.
“Venimos de tres años de sequía que fueron terribles para que las abejas consiguieran alimento. Además, las africanizadas tienen mayor adaptabilidad a cualquier tipo de clima mientras que las nativas generalmente son comunes a determinados pisos térmicos”.
En el mundo hay 18.000 especies de abejas. De acuerdo con el estudio de la Universidad Nacional: ‘Las abejas silvestres, por qué y cómo conservarlas’, siete son las causas por las que una abeja al salir de la colmena jamás regresa.
En primer lugar está la deforestación. En el país se perdieron 295.892 hectáreas de bosque natural en 2011 y 2012 según el Ministerio de Ambiente. Sin bosque no hay flores, sin flores no hay abejas y sin abejas cero miel y polinización.
Otras causas son: los asentamientos en el campo, el pastoreo, la llegada de especies exóticas, el uso de agroquímicos, el cambio climático y la explotación inadecuada de las abejas.
Panorama departamental
El indicador más representativo de pérdida de abejas en el departamento es que hace una década los 22 integrantes de la Asociación de Apicultores de Norte de Santander (Apins), producían 60 toneladas de miel por año y actualmente la cifra llega a 12 toneladas en promedio, evidenciándose una reducción del 80 por ciento.
Esdras Díaz, presidente de Apins, dijo que desde hace 40 años se dedica a la apicultura. “La llegada de las africanas causó un impacto en la reducción de colonias nativas, aunque las africanas son más productivas porque se levantan más temprano a trabajar y se acuestan más tarde”.
Años atrás, la producción se comercializaba en Venezuela y actualmente por la poca producción se vende en Cúcuta. Cuando se tienen abundantes reservas el destino es Medellín.
Un kilo de miel detallado cuesta $20.000 y al por mayor $8.000. En Apins tienen 5.000 colonias distribuidas en Cucutilla, Arboledas, Salazar, San Cayetano, Los Patios, Chinácota, Pamplonita, Toledo, Ragonvalia, Sardinata, Gramalote, Lourdes y Cúcuta.
A la par de la miel también se está produciendo propóleo, polen, cera, jalea real y la apitoxina, que es el veneno de las abejas y es utilizado en procesos medicinales.
Una de las afectaciones de los apicultores es la venta de miel ligada con panela, que no cuenta con las propiedades de la pura.
De acuerdo con Esdras Díaz, la forma más fácil de reconocerla es que la pura no está envasada hasta el borde del frasco y tiene un anillo de cera que no deja filtrar el líquido. Además, el sabor de la pura empalaga y la falsa se asemeja a una golosina.
Eduardo Rozo Jaimes | eduardo.rozo@laopinion.com.co
