La arremetida de los grupos violentos ya no se limita a las apartadas zonas montañosas de la subregión del Catatumbo. La confrontación comienza a trascender a los cascos urbanos de los distintos municipios de la provincia, donde crece la preocupación por el riesgo de que las dinámicas de la guerra terminen afectando de manera directa a la población civil.
Lo ocurrido el pasado viernes en el Batallón de Infantería N.º 15 Santander, del cantón militar El Trapiche, en jurisdicción de Ocaña, volvió a encender las alarmas. En el ataque, perpetrado mediante un enjambre de drones utilizado por el ELN, tres uniformados perdieron la vida y cinco más resultaron heridos.
El hecho evidencia un escenario de riesgo cada vez mayor, marcado por combates, hostigamientos, acciones terroristas y mecanismos de control social que pueden extenderse hacia los barrios periféricos y las zonas urbanas de los municipios.
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A las autoridades y organismos defensores de los derechos humanos les preocupa, especialmente, el factor sorpresa que representan las aeronaves no tripuladas, así como la posibilidad de que los enfrentamientos y las acciones de los grupos armados ilegales se trasladen a los suburbios y alrededores de los cascos urbanos.