De paraíso no tiene nada, de perdido lo tiene todo. Así es El paraíso Perdido la última vereda de El Carmen de Tonchalá que sirve de puente entre Cúcuta y el corregimiento de Urimaco.
Aunque muy pocas personas transitan por esta zona y solo 33 familias la habitan, decenas de mulas y camiones vienen y van todo el día llenando de polvo todo a su alrededor.
Por esta situación, las casas permanecen a puerta cerrada y muy pocos se atreven a salir. Antonio Becerra, presidente de junta comunal, es de los pocos que se sacude el polvo y sale a la calle. Lo hace para gestionar por sus vecinos, o simplemente sembrar un par de árboles para cambiarle la cara a El Paraíso Perdido.
En medio del desolado sector, no pierde las esperanzas de que la vereda vuelva a surgir, como dos décadas atrás, cuando la basura de Cúcuta era su sustento. Cerca de 180 familias vivían en la zona y subsistían de esculcar entre la basura y reciclar. Los malos olores pasaban a un segundo plano ante la necesidad.
“Cuando cerraron el botadero, las familias empezaron a irse y esto quedó vacío. Unos cuantos nos resignamos a vivir en este olvido”, dice Becerra.
Unos arrumes de basuras y escombros y dos recuperadoras de inservibles que aún siguen en la vereda son el único rastro de su pasado. Cuando la basura se alejó y empezaron a ser una vereda como cualquier otra, quisieron tener los beneficios de sus vecinos. Un parque y una cancha de fútbol fueron algunos de sus peticiones.
El año pasado, Gobernación y Alcaldía dieron luz verde para construir el polideportivo de la vereda y la instalación de un parque biosaludable. Unas visitas de inspección y unos estudios de suelo inconclusos fue lo único que obtuvieron.
“Cuando teníamos todo listo para iniciar con la obra del coliseo nos dijeron que debíamos trasladarle el lote a la Gobernación para que ellos pudieran invertir los recursos, pero ese traspaso costaba 3 millones 500 mil pesos y no teníamos dinero para ello”, explicó Becerra.
La semana pasada, los vecinos asistieron al concejo comunal de los corregimientos y expusieron su situación al alcalde. Esperan que sus peticiones sean tenidos en cuenta y no se las lleve el mismo viento que inunda de polvo sus viviendas.
*La Opinión
