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Tejer con lana de oveja, arte ancestral que perdura en Cácota
Crían las ovejas y cuando tienen abundante pelaje las peluquean y con la lana hacen hilos para tejer.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 8 de Marzo de 2017

Cecilia Gauta Cañas y Rosa Julia Isidro Carrillo, son dos campesinas que tienen algo en común: tejen con lana de oveja. Una lo hace con el método antiguo, utilizando un rudimentario telar hecho con madera y como pedal tiene cuatro palos de dos metros de largo cada uno. La otra, es moderna y teje prendas de vestir y accesorios con aguja.

Ellas son parientes y viven en dos fincas localizadas en la vereda Fernandaria Alisal, a pocos metros del río Cácota. Tienen este arte por vocación y la venta de lo producido les genera ingresos que les ayudan al sostenimiento de sus hogares.

Hace 30 años, decenas de familias se dedicaban a esta actividad, y el municipio era reconocido por la calidad, suavidad, textura y acabado de sacos, abrigos, ruanas, mantas, cobijas y bayetas que se hacían artesanalmente con lana de oveja.

Poco a poco la industria casera fue decayendo con la introducción de máquinas y técnicas que permitían la elaboración de estos productos en menor tiempo al igual que se hacían en grandes cantidades.

Competir en estas condiciones y precios bajos, igualmente desmotivó a las familias que por generaciones dependían de la cría de ovejas destinadas a la producción de lana, como también a quienes la adquirían para procesarla, hilarla y tejer variedades de prendas.

En el oficio

Cecilia Gauta Cañas, nació en la entrañas de la vereda la Upá hace 70 años y a los 15 años sabía tejer a la perfección, porque le enseñó la tía Carmen Cañas.

Con la ayuda de su esposo, Antonio Mantilla, hicieron el telar en donde teje ruanas, mantas y cobijas. Combina los oficios del hogar con las hiladas y dándole algunas horas al rudimentario telar con los pedales, la cañuela y otros objetos que se requieren para ir entrelazando las fibras naturales.

Para hacer una ruana utiliza tres libras de lana virgen, la cual primero tiene que preparar e hilar para que esté lista al momento de llevarla al telar.

También asegura que cada vez la situación se complica, ya que muchas veces se hace difícil conseguir la materia prima y más si es de color pardo que es muy apetecido por los señores.  Mientras doña Celia tenga los ojos, manos y pies buenos, seguirá dándole pedalazos al telar. 

Son 55 años que tiene en el oficio y como ella quedan pocas en el municipio, lo que la hace única en el arte que desarrolla en la zona rural de Cácota.

Con la aguja

Rosa Julio Isidro Carrillo, de los 48 años de vida que tiene, 20 los ha dedicado a la aguja tejiendo o bordando manteles, gorros, monederos, bufandas, bolsos y camisetas para niños.

Aprendió sola, viendo y con un poco de ingenio logró mejorar la técnica. También sabe arreglar la lana, la lava, limpia y si está muy dura la abre para poderla hilar en el uso de madera.

Igualmente aprendió a aplicarle colores naturales a la lana, que al momento de tejer los combina para darle más vistosidad a las prendas.

Para esta mujer el arte lo hace con pasión y del mismo asegura que tiene los días contados, porque a la juventud no le gusta trabajar y prefieren hacer otras cosas más sencillas que no les impliquen esfuerzos. Se considera reina tejiendo y se cataloga como ejemplar, porque lo que hace no tiene copia.

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