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Un cucuteño aspira ganar el Premio Compartir
Arturo Charria Hernández siempre quiso romper con los tradicionales esquemas de enseñanza por lo que ideó el  proyecto Museos Escolares.
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Lunes, 28 de Diciembre de 2015

Vivió en Cúcuta hasta el 2002, es decir, un año después de salir graduado de bachiller del colegio La Salle. Arturo Charria Hernández tenía 17 años cuando viajó a Bogotá con el propósito de convertirse en un profesional en ciencias políticas y literatura en la universidad Javeriana.

De inmediato se dedicó a la docencia dictando clases de Historia de Colombia y actualidad colombiana y de América Latina. Siempre quiso romper con los tradicionales esquemas de enseñanza por lo que ideó el  proyecto Museos Escolares. Sentía la necesidad de hablar de conflicto armado en el aula de clases para que los estudiantes pudieran comprender el impacto que ha tenido en la población civil.  Y por eso los involucró como investigadores.“A través de hacer memoria histórica los jóvenes se están convirtiendo en agentes de paz, al entender y contar a otros lo que sucedió”, explicó.

Esa inspiración del proyecto llegó después de leer ‘El museo de la inocencia’, una novela de Orhan Pamuk: en donde el protagonista se obsesiona por coleccionar objetos de su amor prohibido. Es ahí donde Charria ve el potencial de los objetos para narrar historias y decide crear los museos con la colaboración de sus estudiantes y con recursos del Centro Nacional de Memoria Histórica por medio de una beca. El museo lo replicó en dos colegios: Los Nogales y La Giralda.  Ese modelo pedagógico lo postuló al Premio Compartir al Maestro en donde pasó el primer filtro entre mil proyectos.

El también columnista de El Espectador e hijo de Jaime Charris  Jiménez y Arlen Hernández, dice que detrás de cada objeto hay una historia.  Por ejemplo, el sombrero vueltiao  era lo que usaba Ramón Donato para protegerse del sol  de la tierra de donde fue desplazado y luego asesinado por paramilitares. Una botella de Listerine le sirvió a Beatriz Turbay para pedir auxilio mientras estaba secuestrada por el Ejército Popular de Liberación, Epl. Y el crucifijo de Rosario Quina le trae a la memoria una masacre de las Farc de la que fue testigo.

El museo recibió una mención de honor del Ministerio de Cultura en 2013  y en el 2014 ganó  la Convocatoria Nacional de Propuestas Artísticas y Culturales de Memoria, del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Los Museos de la Memoria se está replicando en Ecopetrol y también  está en proceso de desarrollarse en el Colegio Jaime Garzón de Kennedy, que hace parte de la Asociación Alianza Educativa.  Y se está socializando en Argentina.

En La Giralda, colegio oficial del barrio Las cruces, de Bogotá,  por ejemplo, las historias están cargadas de violencia sexual, desplazamiento y robo, no provenían únicamente de la guerrilla, por lo que les daba a los estudiantes una dimensión más amplia del conflicto. En Internet montó dos videos en donde explica la esencia del proyecto que está compitiendo, ahora entre 55 profesores y rectores de colegios del país. 

En el Premio Compartir se hacen visibles a quienes con  educación de calidad contribuyen a construir una Colombia más solidaria y justa para todos. “Maestros y rectores, han demostrado que para lograrla se requiere un conocimiento minucioso de las capacidades, sueños y necesidades de los estudiantes”.

*La Opinión

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