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Adiós “Pippi”
Su lucha no fue solo personal. Laura también pensó en las muchas mujeres que estaban pasando por lo mismo.
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Domingo, 1 de Noviembre de 2026

“Pippi”, así le decían cariñosamente sus padres, hermanos y amigos a Laura María Cabrera Villamizar, a quien despedimos el martes pasado en Bogotá. Todas las intervenciones que tuvieron lugar en sus funerales fueron muy emotivas: la entereza de Manuel Guillermo en medio de su dolor, la emotividad en las palabras de María Claudia y las de Alfredo y Camila. Claudia dijo algo muy hermoso de lo que fue Laura: “una bailarina que le sonreía a la vida a quien tengo que dejar ir”. ¡Qué dolor!

Creo que Camila dijo que cuando “Pippi” se había enterado de su enfermedad, ante el impacto inicial de todos, cuando normalmente reaccionamos con un “¿por qué me tocó a mí?”, Laura, con mucha entereza, dijo: “¿Y por qué no a mí?”. Por estos días llamé a un amigo común con Manuel Guillermo a Francia, y le pregunté cómo definiría a Laura en pocas palabras: “Elle est très courageuse”, me respondió (ella es muy valiente). Esa era Laura.

Durante los días de su cruel enfermedad nunca claudicó. Todo lo contrario, hizo una campaña para visibilizar el cáncer de ovario y promover el cuidado de muchísimas mujeres, campaña que la llevó incluso a aparecer en las pantallas de Times Square, en Nueva York. En estos días, precisamente, hablábamos con Memo de su valentía.

Su lucha no fue solo personal. Laura también pensó en las muchas mujeres que estaban pasando por lo mismo y en aquellas que podían enfrentar esta enfermedad. Hizo de su propia experiencia una manera de acompañarlas y de llamar la atención sobre el cáncer de ovario. Ese también es su legado y una razón más para recordarla con admiración.

Mi amistad con Manuel Guillermo y su familia es de cerca de 50 años. Por ello conocí a Laura desde niña. Muchas anécdotas. Una de ellas: cuando era una niña, Memo se divertía diciéndole que ella era hincha del Quindío. Y “Pippi” le contestaba enérgicamente que no, que era hincha SOLO del Cúcuta. En alguna ocasión fuimos a almorzar en Bogotá, y cuando nos sirvieron el almuerzo, a Memo le gustó más mi plato que el de él, y sin ningún protocolo, Memo cambió los platos. Laura le decía al papá que cómo se atrevía a hacer eso. Alguna vez la vi bailando con su padre en una celebración de su empresa. Disfruté de lejos los viajes que hacía en familia, sus hermosas fotos, su sonrisa. En alguna ocasión Carolina Moros me llamó y me pidió el favor de una asesoría empresarial. Le dije que sí, y la contacté con Laura. Me dejó sorprendido la forma brillante como lo hizo. Laura estaba empezando su carrera profesional, y en alguna ocasión vi una foto del día de su grado en la Universidad Javeriana, y lucía linda como siempre.

En Bogotá, vivo cerca de donde vivía Laura. De hecho, todos los días paso camino a mi trabajo por su edificio, y ocasionalmente me la encontraba. Hace unos cuatro meses me la encontré en la calle 70 con carrera quinta, en una tarde soleada. Iba con una amiga y la saludé: “Hola, mi abogada favorita. Estás muy bonita”. Se sonrió y siguió caminando con su amiga. Es curioso: por estos días, cuando paso a las siete de la mañana por su apartamento, recuerdo ese último encuentro. Me vienen su imagen y las de sus padres, las de sus hermanos Alfredo y Camila, y es como si hablara con ella. Qué dolor para Manuel Guillermo, María Claudia, Alfredo y Camila despedir a su amada hija y hermana, pues “Pippi” se nos fue muy pronto.


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