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Cúcuta
Conozca la joven que no se quiere ir de la correccional
Julieta es la cantante estrella del lugar, y cree que al salir de allí tendrá que dejar su sueño de ser artista.
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Jueves, 25 de Febrero de 2016

En medio de aplausos y silbidos, Julieta (*) sale al escenario. Canta y baila con propiedad, pese a que solo hace tres meses descubrió su talento musical, cuando entró recluida al centro de Formación Juvenil Los Patios.

A sus 17 desconocía sus aptitudes para el canto, ni siquiera se atrevía a tararear una estrofa de su canción favorita en público, por pena.

Sin embargo, cuando llegó al centro de menores infractores enterró sus faltas y se redescubrió así misma.

“No me conocía. Nunca pensé en cantar y ahora eso es mi mayor sueño”, explica con una gran sonrisa.

En el encierro, lejos de su pasado delictivo (entró al centro de menores por falsedad de documentos y porte ilegal de armas), conoció sus verdaderos sueños y sus motivaciones. Entre estrofa y estrofa aprendió a expresar sus dolores, miedos y angustias y poco a poco los fue desterrando de su  vida.

“Acá encontré apoyo, cariño, y una mano amiga, que afuera no la tengo”, explica agradecida.

Su estancia en el centro de infractores se convirtió en una segunda oportunidad  para aprender de sus errores y seguir luchando por sus sueños.

Sin embargo, el sueño que empezó a vivir al salir a la fuerza del oscuro mundo del delito está por teminar. Hoy, le podrían otorgar la libertad.

Lejos de estar feliz por salir del encierro y reencontrarse con su madre y su hija en Venezuela, la noticia le causa una gran tristeza.

Con la mirada en el piso y la voz quebrada, confiesa que al salir del centro de formación sus sueños de esfumarán.

“Aquí tengo el apoyo que afuera nadie me había dado. Me redescubrí como cantante y me ayudaron a grabar mis primeros discos”, explica.

Oír sus temas ‘La salidita’, ‘La calle’ y ‘Cosas que pasan’, en una emisora local que apoyo su proceso, es su mayor satisfacción.

“No me siento preparada para salir. Necesito seis meses más o un año quizás, para recuperarme por completo y poder cumplir mis metas”, asegura.

Su rostro se entristece y su esencia de niña sale a flote. Por primera vez en muchos años encontró un lugar donde se siente  bien, y debe abandonarlo.

En el centro juvenil de Los Patios es Julieta la reguetonera, la niña de la sonrisa eterna y el buen baile. Afuera será la misma joven que llegó hace ocho meses a Cúcuta a rebuscarse la vida a como dé lugar.

Julieta quiere seguir en el encierro para consolidar su proyecto de vida. Está culminando su bachillerato en el reformatorio y aspira estudiar criminalística para poder ofrecerle un buen futuro a su hija y poder recuperar a su familia.

Entre risas asegura que seguirá componiendo y cantando, porque la música se convirtió en su sanación.

Un mal rumbo le torció el camino

Julieta llegó hace ocho meses a Cúcuta, proveniente de Venezuela, atraída por el pago en pesos. Necesitaba ahorrar una buena cantidad de dinero para operarse el rostro. En mayo pasado sufrío un accidente en una motocicleta y se destrozó el tabique.

Aunque su rostro sigue siendo bello, la cicatriz que le quedó en la frente, la nariz y la mejilla, la empujó a aceptar una propuesta de trabajo que le hicieron por las redes sociales. La operación para mejorar su rostro se convirtió en su mayor urgencia.

“Me ofrecieron trabajar en un bar y acepté. Nunca había hecho lago similar, pero la necesidad me llevó a esto. Además tenía una niña que mantener”, asegura avergonzada.

Después de trabajar en bares, le ofrecieron cobrar ‘vacunas’ en estos mismos establecimientos y aceptó. Animada por el dinero fácil, se olvidó de sus prioridades, entre ellos su familia, y se metió de lleno al negocio.

El día que la capturaron le encontraron una cédula falsa, la misma que utilizó para trabajar en los bares por ser menor de edad. Fue entonces cuando ingresó al Centro de Formación Juvenil de Los Patios.

*La Opinión

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