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Cúcuta
De Cúcuta a Miami: la lucha por la vida que inspiró una revolución alimentaria
Tras sobrevivir a un grave accidente automovilístico, dos comunicadores con raíces cucuteñas crearon una empresa que utiliza la ultracongelación para devolverle el tiempo y la salud a las familias.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 2 de Septiembre de 2026

Alejandra es caldense, pero vivió 17 años en Cúcuta, donde estudió el colegio y la universidad. Jhan Rivera es cucuteño, lideró la puesta en marcha de la emisora UFPS Radio y fue docente en la Universidad de Pamplona. Sus caminos profesionales brillaron en Norte de Santander, tanto así que la vida los unió, construyendo una familia y una carrera consolidada en la consultoría de comunicaciones estratégicas y marketing en Bogotá.

Sin embargo, el guion de sus vidas se fracturó de forma trágica en mayo de 2023. Jhan sufrió un grave accidente automovilístico que le provocó un trauma craneoencefálico severo. Pasó 18 días en coma y perdió la movilidad de todo su lado izquierdo. La recuperación clínica fue un proceso titánico donde el cucuteño tuvo que volver a aprender a hablar, a caminar y a comer.

Lejos de rendirse, este violento choque frontal con la muerte se convirtió en el punto de inflexión absoluto para replantear su legado en el mundo.


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En medio de cirugías de reconstrucción, recaídas médicas y el avanzado embarazo de su segundo hijo, la pareja gestó 'Enjoy', una empresa hoy radicada en Miami que desafía el saturado mercado estadounidense de la comida rápida y ultraprocesada.

Para lograrlo, se apoyaron en la ciencia térmica. Históricamente, la congelación tradicional daña severamente los alimentos porque permite la formación de macrocristales de hielo que actúan como cuchillas, rompiendo las membranas celulares y causando que el producto pierda sus jugos, sabor y textura al descongelarse. Por el contrario, la tecnología de ultracongelación forzada somete al alimento a temperaturas extremas bajo cero en un tiempo mínimo. Este choque térmico detiene la degradación biológica y genera microcristales inofensivos, sellando los nutrientes, la turgencia y el sabor exacto de un plato recién hecho.

La Opinión conversó con ellos sobre cómo el dolor más profundo se transformó en resiliencia, logrando exportar talento e innovación al mercado internacional.


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¿Cómo un momento médico tan crítico se convierte en el motor para abandonar la vida que conocían y emprender en el exterior?

Jhan: Cuando estás tan cerca de morirte, inevitablemente te llenas de preguntas. Yo tenía una firma de consultoría desde 2011, pero en la práctica era un autoempleado viviendo estresado desde las 7 de la mañana. En mi proceso de recuperación, tenía problemas graves de motricidad fina; me costaba muchísimo llevarme una cuchara de sopa a la boca. Un día, Salvador, nuestro hijo que entonces tenía cuatro años, me vio incómodo, cogió la cuchara y me dio de comer. Ese tipo de amor me golpeó profundamente y me hizo pensar: si yo llegara a faltar, me dolería en el alma que su único recuerdo fuera el de un papá estresado corriendo por las mañanas. Decidimos que era el momento de impactar al mundo juntos, sumando la experiencia de Alejandra en producción y la mía en marketing estratégico, pero asumiendo el reto en un nuevo mercado como Estados Unidos.

Alejandra, ¿cómo lograron sostener la creación de una empresa internacional mientras la vida de Jan pendía de un hilo?

Alejandra: Fue un proceso lleno de muchísimo temor, pero también de fe. Cuando yo tenía ocho meses de embarazo, a Jan le hicieron una craneoplastia para reconstruirle el cráneo. A los dos días de la cirugía, volvió a perder la movilidad y lo hospitalizaron de nuevo por mucho tiempo. Nos tocó irnos a vivir a hoteles y Airbnbs cerca de la clínica. Viendo todos esos obstáculos, yo solo quería frenar; le decía a Jan que lucháramos por la empresa que ya teníamos en Colombia y no nos fuéramos a un país que no conocíamos. Yo siempre he sido como el freno de mano, la miedosa, pero Jan es como un globo aerostático: le encienden la mecha y arranca. Él, con un optimismo absoluto en medio de la adversidad, me decía "Enjoy sigue marchando, nos está mostrando el camino". Hicimos un gran equipo y así lo logramos.

¿Por qué elegir el ultracongelamiento para competir en Estados Unidos, el imperio mundial de la comida rápida?

Alejandra: En Estados Unidos la gente no tiene tiempo para cocinar, todo se consigue muy fácil, pero gran porcentaje de la comida es ultraprocesada y está llena de químicos y conservantes. Queríamos ofrecer alimentos deliciosos, saludables, prácticos al alcance del bolsillo. A diferencia del congelado tradicional, la ultracongelación nos permite conservar los sabores y nutrientes reales.

Jhan: Cuando empezamos a hacer el testeo del producto mínimo viable, la respuesta fue increíble. Le dimos una muestra a una amiga cucuteña en Miami que nos advirtió que no comía vegetales porque allá todos la inflamaban. Al probar nuestros platos —que no tienen ningún tipo de químicos— nos llamó sorprendida porque ni el brócoli ni el zucchini la afectaron para nada, le encantó el producto; esa prueba la realizamos con al menos 50 personas más y pasamos la prueba.

Luego, el consulado de Colombia en Miami nos invitó a un evento y un invitado francés probó nuestro lomo en salsa de queso azul ultracongelado; se emocionó y dijo que ese sabor lo había transportado directamente a su casa.


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Ustedes mencionan que este proyecto también tiene un fuerte propósito ambiental. ¿Cómo impacta la tecnología del frío en esto?

Jhan: Según el Informe sobre el Índice de Desperdicio de Alimentos del PNUMA, en el mundo se desperdician de 3,5 a 3,8 millones de toneladas de alimentos al día (unas 1.000 millones de comidas diarias tiradas a la basura) El 30 % de eso proviene de productos congelados normales que pierden su fecha de vigencia en los refrigeradores de las casas.

"Nuestra estrategia tiene foco en excelencia gastronómica combinada con innovación en conservación y practicidad. Al desarrollar alimentos excepcionales en sabor y dotados de una vida útil significativamente superior a la del estándar del mercado de congelados, fortalecemos nuestra competitividad operativa y comercial, al tiempo que impactamos el mundo donde viven nuestros hijos.

Finalmente, ¿qué enseñanza le dejan a la región tras superar tantas barreras médicas y empresariales?

Alejandra: Siempre hay que tener mucha fe y agradecimiento. Los partes médicos de Jhan decían que él no iba a volver a servir para nada. Sin embargo, con el apoyo de la familia y los médicos, aquí estamos. La comunicación en pareja es clave y, a pesar de los obstáculos gigantes que se presenten, hay que luchar siempre por los sueños.

Jan: Hay días malos en los que uno solo quiere que pase rápido el tiempo para irse a dormir, pero al final, todos los días sale el sol. Hay que buscar siempre ese mínimo rayito de luz, porque ahí está el camino y la solución.

El tiempo, el recurso más invaluable de la modernidad

En un mundo acelerado donde el reloj impone un ritmo implacable, la falta de tiempo se ha convertido en el principal obstáculo para una nutrición humana consciente. Millones de personas se ven forzadas diariamente a sacrificar su salud recurriendo a productos ultraprocesados simplemente porque no tienen margen en sus agendas para cocinar. Es allí donde iniciativas apoyadas en la biotecnología y la termodinámica, como la ultracongelación, dejan de ser un mero modelo de negocio para convertirse en una solución transversal de salud pública.

La historia de Jan y Alejandra trasciende la resiliencia física; es un recordatorio contundente de que la innovación científica debe estar siempre al servicio de la vida humana. Al devolverle a las familias los minutos perdidos frente a una estufa, garantizando alimentos reales y libres de químicos, nos enseñan la lección más grande que les dejó aquel trágico accidente: el tiempo y la salud son privilegios irrepetibles que, a diferencia de los alimentos, no podemos congelar ni darnos el lujo de desperdiciar.


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