“He vivido tanto, porque no me casé... Ahí está el secreto de la longevidad”, explica riendo María del Carmen Bayona cuando le preguntan sobre cómo llegó a los 101 años.
A su edad, pese al cansancio y sus achaques, no ha perdido el sentido del humor que la caracteriza, y sigue siendo un ejemplo de vida para sus cuatro hijos, 10 nietos, 15 bisnietos y dos tataranietos.
Aún risueña y poniéndose un poco seria, asegura que la clave está en ser feliz sin importar si se tienen o no riquezas.
“Fui madre soltera, trabajé hasta el cansancio y nunca desfallecí. Soy pobre pero feliz”, explica rodeada de sus parientes. “La plata no lo es todo, y la buena o la mala vida se la da uno mismo”.
Bayona o Carmita, como le dicen sus seres queridos, nació en Hacarí el 9 de junio de 1915, y aunque desde hace tres décadas vive en Cúcuta, en sus conversaciones siempre pone por delante el nombre de su pueblo.
“Hacarí tuvo una época dura, pero es una tierra muy grata y no es tan mala como la pintan”, dice con seguridad.
Después de trabajar casi medio siglo, esta mujer de cabello cenizo, arrugas prominentes y 1.45 metros de estatura pasa sus días sentada en la puerta de su casa en el barrio Santa Ana, viendo jugar a sus nietos y contando sus aventuras juveniles.
“De joven me gustó mucho la fiesta. Bailaba mucho y disfruté mi juventud al máximo”, explica con alegría y aclara que la música de cuerdas es su preferida.
Aunque durante la mayor parte de sus vida se levantaba en la madrugada para trabajar en el campo, ahora se despierta a eso de las 6 de la mañana, y a las 8 de la noche, luego de ver el noticiero, va a la cama.
Rosmira, 67 años, es su hija mayor y asegura que aunque su madre es muy risueña el semblante le cambia cuando le dan un café frío o la regañan por fumar tabaco.
Bayona es la menor de cuatro hermanos, todos fallecidos antes de los 90 años. Ella fue la más longeva. Su madre, Petrona Bayona, murió a los 65 años.
La Opinión
