Navidad 2016, para unas reclusas la primera y para otras, una de tantas que pasan tras las rejas. Estar en la cárcel ha sido una de las pruebas más duras en sus vidas, pero más duro es saber que en la calle dejaron a sus familias, esas que seguramente no verán este 24.
“Este año la celebración de las velitas fue muy dura, nos dieron de una vela y las prendimos en las rejas, pensando en estar pronto junto a nuestras familias. El 24 será peor, lloraremos, pero fue la vida que nos tocó, por cosas del destino y las malas decisiones”, indicaron algunas de las mujeres del Centro Penitenciario y Carcelario de Cúcuta.
Ángeles de Navidad
La soledad, la ansiedad y la angustia se vuelven más fuertes para ellas cada diciembre. Por suerte, en el camino encuentran ángeles que les ayudan a alivianar la dura situación. Es el caso de un grupo de jóvenes del Sena, que motivados por un exrecluso y aprendiz, decidieron acercarse para conocer la realidad tras las rejas y alegrar un poco la vida en la prisión.
“Yo sé lo que es vivir este encierro, pasé más de 10 años en prisión y conozco el sufrimiento, por eso le propuse a los instructores esta labor y me siento contento de estar aquí con ellos”, expresó Luis Emilio Yáñez, responsable de la brigada.

(Los encargados del detalle fueron los integrantes de un grupo de aprendices Sena, invitados por uno de ellos que fue recluso.)
La celebración
La mañana del miércoles, las internas salían de sus talleres y capacitaciones habituales y fueron invitadas a disfrutar de una sorpresa especial. Juntas llegaron hasta uno de los salones de la cárcel y encontraron un poco de alegría.
Los jóvenes visitantes se encargaron de llevarles un compartir, algunos detalles y la felicidad que causa una animada obra de teatro. Sin duda, un momento especial con el que escaparon de la realidad.
La mayoría de mujeres no superaba los 25 años. Muchas lucían bellas, a pesar del encierro. Una de las internas, quien lleva cuatro años en el centro, aseguró que son muchas las dificultades al interior del penal, empezando por la alimentación, la salud y el agua. “Por otra parte, en la cotidianidad la convivencia entre mujeres se torna complicada” expresó una de ellas.
Aunque cometieron errores, la cárcel no las hace de hierro. Ellas sufren y lamentan no tener libertad.
“Acá uno se da la vida que quiere, si uno no se mete con nadie ni forma problemas, nadie le amarga la vida, tenemos que saber llevar la vida aquí dentro y si es difícil convivir con la familia, ahora más con personas que ni conocemos”, dijo otra.
Y adiós...
Recibir detalles como la celebración es algo importante para las reclusas, quienes acogen con amabilidad y sonrisas a quienes se acercan hasta el penal, donde aprenden manualidades, estudian, hacen adornos, peluches y demás detalles para vender a las visitas y hasta a las guardianas.
Esa es una de las formas de sustento en las que ocupan la mayor parte del tiempo. Al terminar el acto, todas regresaron a recibir el almuerzo y continuar con su pena. Tras las rejas del comedor se despidieron con mucha gratitud de los visitantes.
Paola Tarazona | Redacción Q’hubo
