Preocupada porque sus estudiantes manejan unos niveles de indisciplina que rayan con la violencia física, la psicóloga Judith Inés Chávez, y estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, idearon una estrategia que busca que, mediante el juego y la instalación de ludotecas en las sedes de primaria, cese la violencia en las aulas de clase.
Chávez, psicorientadora de escuelas adscritas al colegio Alejandro Gutiérrez Calderón, dijo que ha tenido grandes dificultades para lidiar con la brusquedad, sobre todo la que se apodera de los niños en la escuela Nuestra Señora de Fátima, que puede ser una de las más violentas de Cúcuta.
La escuela está ubicada en lo más alto del barrio San Miguel, goza de un bello monumento católico, pero está rodeada de un ambiente violento, aseguró.
La psicóloga dijo que en ocasiones se ha necesitado de la Policía para que intervenga en situaciones de agresión presentadas en el claustro, entre niños entre los 5 y 10 años. Algunos se enfrentan a sus maestros y lanzan piedras a la escuela, dice.
Chávez recuerda que en alguna ocasión un niño encerró a una compañera en un salón de clases causándole maltrato psicológico, y otro se atrevió a lanzarle una silla a su maestra cuando estaba en clase.
“Definitivamente ya no hablamos de indisciplina, lo que tenemos es violencia”, precisó.
Según María Stella Torrado, trabajadora social en formación, los padres de los niños son en su mayoría personas de estratos económicos muy bajos, con poca educación escolar, que aún tienen las viejas costumbres que les dejaron sus padres de educar a sus hijos con malos tratos.
“Muchos son chatarreros, recicladores, vendedores de pereceros, empleadas del servicio, entre otros empleados mal pagos; son personas que no pueden garantizar, en algunos casos, las tres comidas diarias y quienes, al parecer, dan malos ejemplos de violencia intrafamiliar”, dijo Chávez.
Torrado dijo que que algunos padres creen que pueden forjar el carácter de sus hijos con los golpes; por eso, la Universidad Simón Bolívar se comprometió a identificar los factores sociales que inciden en la violencia escolar y se desarrolló un trabajo que intenta integrar a toda la comunidad.
La Opinión
