El martes al mediodía, cuando los labriegos almorzaban, se desató en las calles del corregimiento de Guaramito una de las balaceras más largas que se recuerde en esta zona rural.
“Llovía plomo de todas partes, se veía a hombres armados corriendo de un lugar a otro, se escuchaban gritos... Ese día, los perros ladraron más fuerte que de costumbre. Nos tocó botarnos al suelo para protegernos de alguna bala perdida..”
Así relataron habitantes del caserío, distante hora y media por carretera de Cúcuta, el enfrentamiento que libraron frente a sus casas los integrantes de dos bandas criminales que hacen presencia allí.
El choque, aunque no cobró víctimas fatales de la población civil, estaba anunciado desde hacía dos semanas, aseguraron labriegos que pidieron el anonimato.
Ayer, cuando periodistas de La Opinión recorrieron el caserío de 120 viviendas y de aproximadamente 600 habitantes, las calles estaban vacías, muy pocos las recorrían, salvo los carros y motocicletas que van a tanquear con gasolina de contrabando.
Para los habitantes, esta es la razón de los enfrentamientos de las dos bandas, cuya procedencia no conocen. Solo saben que están en guerra por el control del contrabando de combustible que ingresa de Venezuela procedente de La Fría y de Colón.
En esas poblaciones venezolanas, el orden público se enrareció también hace ocho días, cuando circularon amenazas en planfletos en las que se advertía a la gente a no salir de sus casas. En Guaramito se conoció ayer que detrás de estas intimidaciones está un grupo paramilitar que recién se creó y que sería el que está chocando con las bandas criminales que operan del lado colombiano.

Lo que más preocupa a los campesinos de Guaramito es que en el caserío no hacen presencia Ejército ni Policía, y por ello les ha tocado en la última semana mantenerse atrincherados en sus casas.
Ayer, tras un consejo de seguridad que se llevó a cabo en la Alcaldía, se ordenó al Ejército ir al corregimiento, con miras a recobrar la seguridad y la tranquilidad, dijo el secretario de Gobierno del municipio, Oscar Gerardino.
No obstante esto, entre los habitantes de este caserío ronda una idea: desplazarse a Cúcuta si no llega pronto la vigilancia del estado.
La Opinión
