Emilse Escala es una mujer de 69 años que lleva 30 yendo por los barrios en su Renault 9 pidiendo ayuda para los más necesitados.
Los más necesitados que ella, se entiende…
La conocen por su carro y por el sistema de perifoneo que le instaló y que usa de mañana a noche para hacer nogtar su presencia en los barrios... y para pedir ayuda para los necesitados de verdad.
Su vocación por el servicio le nació desde muy joven, cuando además de las enseñanzas de sus padres, demostrando un liderazgo arrollador en el colegio, junto con sus compañeros reunía recursos para darles a los compañeros pobres.
Hace 30 años, junto con una amiga fue a buscar ayuda: alquiló un carro y se fue por los barrios.
Desde ese día no ha parado de colaborarle a la comunidad de los sectores más pobres.
Con la idea de poder llevar el mensaje puerta a puerta, Escala reúne siempre pañales, muletas, bastones y mercados para quienes los necesitan con urgencia.
“Me siento comprometida con los más necesitados, entre más días, más amor siento por el trabajo” dice.
A pesar que enviudó a los 19 años, siempre ha tenido la consigna de salir adelante en todo momento.
“Soy venezolana, pero amo esta tierra y estoy agradecida con ella” relata.
Junto a ella, dos niñas y un vecino conductor, transitan por las calles de Cúcuta y el Área Metropolitana.
Todos los días, a las 4 de la tarde, van llegando del trabajo los dueños de casa, y es a esa hora cuando mas necesita que le ayuden a ayudar...
“Le pido paciencia a la gente a la que voy a interrumpir a los barrios, pero esa es la labor que siempre ha caracterizado a la campaña social Ayudando, ayudamos”, señala.
Además de otros medios de comunicación, Escala se siente agradecida con Jorge Serrano, pues le abrió las puertas para ir a La Voz de los Barrios, a hablar de su labor.
“Ha habido gente malintencionada que ha dudado de mi proceder, pero yo siempre les digo que revisen cual es el perfil de Emilse Escala… Tengo videos , fotos y toda una trayectoria de trabajo que me respaldan”, dice.
Explica que está en camino de formalizar su labor, y que en años anteriores, ha tratado de tener su propia oficina, a donde la gente puede llevar sus donaciones, pero que no ha podido mantenerla por falta de recursos.
“He entregado más de 200 sillas de ruedas y muchos alimentos.
Cuando estaba abierta la frontera recogía a diario arroz, harina, azúcar… Lo hacía tocando de puerta en puerta. Según ella, el cierre ha perjudicado: se ha bajado mucho la entrega de mercados.
Además de la ayuda que recoge a diario, su familia la respalda… y la tolera. Cuando no alcanza a recoger las ayudas completas, pone de lo que su familia tiene.
“La satisfacción que me da el poder ayudar a la comunidad, es toda la retribución que necesito”, añade, y afirma que seguirá yendo con los barrios en su Renault 9 perla y su perifoneo, sus marcas características.
Valentina Restrepo | Practicante de periodismo
