Ver a un hombre sin un brazo, un ojo y una pierna, tirado en el mismo sitio todos los días, y cómo la gente le pasaba por encima y seguía su camino como si nada, impulsaron a Jackeline Blanco a ponerle fin a este asunto, o por lo menos a tratar de hacerlo.
Su compromiso con los habitantes de la calle se inició convidando a amigos y familiares a unirse a la causa que aún no tenía nombre ni forma, pero que tenía una misión fija: brindarle una mano amiga a los indigentes.
Reunió a 12 personas entre hermanos, primos, amigos y amigos de los amigos, todos profesionales y unidos por la pasión de ayudar al prójimo.
En el primer encuentro definieron su accionar. Empezarían llevando comida y ropa a los indigentes, luego trabajarían en una estrategia para sacarlos de la calle. Su meta más ambiciosa fue la construcción de una sede propia para rehabilitar a jóvenes y adultos alcohólicos y drogadictos.
El primer día llegaron con pan y chocolate, al día siguiente fueron a Cenabastos y pidieron víveres para hacerles un almuerzo.
“La gente no nos creía de a mucho y muy pocos nos ayudaban, sin embargo cada martes seguimos yendo a las 4 a.m. a Cenabastos a tocar la puerta de los comerciantes en busca de una papa, una yuca o cualquier alimento”, explica Blanco.
Fue así como nació la Fundación Villadiegos y sus paticas, que también tiene un contenido animalista, pero que se ha enfocado en el trabajo con los habitantes de calle.

Una camisa verde es su único distintivo. Su tarjeta de presentación son su buena actitud y la confianza que se han ganado en el parque Lineal, a donde llegan dos veces por semana con ayudas para sus Villadiegos, como bautizaron a los indigentes.
“Buscamos crear conciencia de cambio en estas personas. No les regalamos nada. Por el contrario les enseñamos que cada acción tiene una razón y una recompensa”, explica Sofía Mejía, otra de las fundadoras.
Para recibir un plato de sopa o una taza de chocolate los indigentes deben tomar escobas y palas y ayudar a limpiar su punto de encuentro. Así aprenden el valor de las cosas.
“A veces se ponen bravos y dicen que venimos a explotarlos, pero a los 10 minutos toman las escobas y empiezan a limpiar todo”, explica Mejía.
Para Blanco, Mejía y Angie Sanguino, la voluntaria más joven, la mayor satisfacción de su trabajo es ganarse la confianza de los Villadiegos.
“Todas estas personas son un mundo diferente, muchas lo han tenido todo y caen en la adicción, lo que nos pone a pensar en que nada es eterno en esta vida”, explica Sanguino.
Barbas, Zapata, los hermanos, James, El indio, entre otros, son algunos de sus protegidos. Uno es abogado y fue candidato a la Alcaldía de Salazar en sus mejores épocas; otro se quedó en la calle porque su mujer lo abandonó y se llevó a sus hijos, y otro se bebió el dinero de un cambio y no volvió a casa, por vergüenza.
Estas historias impulsan a los voluntarios a no desistir de su tarea y ha seguir pidiendo para brindarles alternativas de cambio a estas personas que lo han perdido todo entre los vicios.
Con el ánimo de darle un apoyo financiero a su causa, trabajan diferentes proyectos sociales para articular esfuerzos con el gobierno local y departamental en pro de los indigentes.
El próximo viernes 11, los Villadiegos realizarán un donatón en el parque Colón para recolectar ayudas para sus pupilos. Piden ropa nueva y usada, útiles de aseo y aportes en efectivo para construir su propia sede.
*La Opinión
