No basta con hablar de paz, se debe creer en ella y trabajar para conseguirla. Así se leía en una pancarta que portaron los campesinos del corregimiento Buena Esperanza durante la marcha por la paz que se llevó a cabo este viernes.
La caravana, conformada por unas mil personas, partió de la vereda Puerto Lleras (vía Cúcuta-Puerto Santander) y luego de recorrer cinco kilómetros se concentró en el polideportivo de Buena Esperanza.
El rector del Instituto Técnico, William Antonio Glavis, uno de los promotores de la marcha, llamó la atención en especial de los papás, para que den ejemplo a sus hijos sobre la sana convivencia.
La paz –dijo- no le compete solo al gobierno, nos compete a todos, a los niños, a los maestros, a los papás y a toda la sociedad.
El corregidor, Rozo Ramírez Mantilla, fue enérgico al expresar a los violentos que detengan su accionar. “No queremos un muerto más ni un maltrato más entre los campesinos”, dijo el dirigente comunal.
Expresó que si bien en las 25 veredas del corregimiento se vivieron hechos de violencia en el pasado, hoy está empezando un revivir con mucho futuro y con mucha expectativa de desarrollo y de vida por delante, “por lo que no debemos desaprovechar la ruta que el gobierno nacional trazó para alcanzar la paz”.
La edil Marlene Saa destacó la participación masiva de campesinos de las veredas Núcleo, San José de La Vega, Limoncito, El Plomo, Campo Hermoso, Brisas del Oriente, Londres, Puerto Lleras y Bellavista, “porque con ello estamos dando un mensaje claro y contundente a los gobiernos departamental y municipal de que somos amantes de la paz y que queremos convertir nuestras parcelas en territorio de paz”.
El mensaje de paz trascendió entre los asistentes y quedó como un compromiso para consolidar la convivencia en Buena Esperanza y corregimientos vecinos como Guaramito, Aguaclara, Puerto Villamizar, Palmarito y Banco de Arenas.
Al concluir la marcha, Saa y Ramírez invitaron al alcalde, César Rojas, y al gobernador, William Villamizar, para que volteen sus ojos hacia el corregimiento , “porque pese a que es el territorio rural más grande y de ser la despensa de la capital nortesantandereana, es mantenido en el olvido”.
En Buena Esperanza hace falta de manera urgente alcantarillado de aguas negras para las veredas, al igual que un acueducto que surta de manera permanente y continua el agua potable para unas 2 mil familias, precisó Saa.
Hasta ahora, se avanza con las obras de la planta de tratamiento, pero hace falta concretar el proyecto de los tanques de almacenamiento y distribución, al igual que las redes domiciliarias, expresó Ramírez.
La Opinión
