Una mesa de madera encadenada a una de las estructuras metálicas instaladas en el Paseo Rojo y Negro para proteger las plantas que allí se sembraron, adorna el sendero peatonal.
Pese a que cuando se concibió el proyecto de remodelación y adecuación del Paseo Rojo y Negro, que tuvo una inversión de $5 mil millones, se habló de senderos llenos de palmas para embellecer este espacio y reponer los árboles que se talaron para darle vía libre al obra la realidad es otra.
Metros más abajo la escena se repite. Las palmas fueron reemplazadas por galones de gasolina, ocasionando repudio y malestar entre los vecinos de Juan Atalaya que no se explican cómo puede lucir así el nuevo paseo sin aún haberse inaugurado.
De las 130 palmas que sembró el contratista en los primeros meses de la obra solo quedan 34. Las demás se secaron por la falta de un sistema de riego en la zona o porque terceros las arrancaron, denunciaron los vecinos de la zona.
En algunos puntos del populoso paseo los vecinos se metieron la mano al bolsillo para reforestar este espacio. Las 27 plantas que sobresalen en los senderos fueron sembradas por la comunidad.
“Esa inversión se perdió por no haber concebido los puntos de riego”, dijo la vecina Norelba Mendoza. “Ojalá las reemplacen y terminen este tramo como debe ser”.
*La Opinión