Una inusual visita sorprendió esta semana a los vecinos del sector La Cañada en Palmeras y volvió a reactivar la esperanza de que les canalicen el caño vecino y puedan dormir más tranquilos.
Sus peticiones de ayuda empezaron a tener eco en la administración municipal y el secretario de Infraestructura, Yonny Pascual Contreras; y Félix Muñoz, coordinador de Gestión del Riesgo, realizaron una visita de inspección en el fétido, olvidado y destrozado canal.
A medida que los funcionarios municipales iban avanzando a lo largo del canal de concreto, las quejas comunitarias iban avanzando y Muñoz y Contreras pudieron divisar los primeros daños: un par de losas partidas. Tomaron un par de fotos e hicieron algunas anotaciones y siguieron el camino.
Metros más adelante, se encontraron con un hueco de más de 7 metros de profundidad por seis de ancho donde desembocan no solo aguas lluvias sino también aguas servidas, el cuál tiene en vilo a decenas de familias, como los González que viven a menos de metro y medio del canal.
Aunque los González sintieron un poco de alivio con la visita municipal, pidieron que esta intervención pase más allá de una visita de inspección como ha sucedido en anteriores administraciones, y se traduzca en hechos y soluciones para esta comunidad que lleva seis años pidiendo ayuda.
Los funcionarios se comprometieron a gestionar a través de sus secretarias los recursos necesarios ante el orden nacional para darle una solución definitiva a estas familias y garantizar la canalización completa con el fin de garantizarles una mejor calidad de vida a los habitantes de esta zona.
Los afectados pidieron soluciones prontas y reales alegando que en 2014 la administración municipal les prometió la canalización de La Cañada mediante un macroproyecto municipal del alcantarillado pluvial.
Dicho proyecto incluía la reconstrucción del colector del alcantarillado que colapsó durante las lluvias 2010-2011 e inundó de aguas negras el canal; el proyecto tendría un costo de 1.172 millones de pesos, sin embargo esta iniciativa quedó en promesas.
La Opinión
