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Abelardo de la Espriella: del litigio de alto perfil al triunfo en el preconteo presidencial
Con un discurso de seguridad, austeridad y cambio logró capitalizar el descontento ciudadano y alcanzar el cargo más importante del país, sin haber hecho política antes.
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Colprensa
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Domingo, 21 de Junio de 2026

Durante años, Abelardo de la Espriella fue conocido por representar a polémicos clientes en los estrados judiciales. Hoy, a sus 47 años y sin experiencia previa en cargos públicos, el abogado se convirtió en el virtual ganador de la segunda vuelta presidencial y se encamina a asumir la Presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030.

Se inscribió por firmas con el respaldo del movimiento Defensores de la Patria, sumó al exministro de Hacienda José Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial y escaló en las encuestas. Detrás del personaje mediático hay una hoja de vida tan exitosa como llena de zonas grises.

Abelardo de la Espriella Otero nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, pero creció en Montería (Córdoba) y de ahí viene la identidad costeña que después convirtió en bandera. Sus progenitores son María Eugenia Otero Aldana y Abelardo de la Espriella Juris, un jurista reconocido en Córdoba que ejerció como diputado, aspiró a la Gobernación y llegó a magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo.

Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda, donde más tarde cursó una maestría en Derecho. Se especializó en Derecho Penal en la Universidad Externado y en Derecho Administrativo en la Universidad del Rosario y recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma del Caribe.

En 2002, fundó De la Espriella Lawyers Enterprise, que con los años abrió sedes en Bogotá, Barranquilla, Medellín y Miami. Su bufete pasó de registrar ingresos modestos a manejar miles de millones de pesos en pocos años, un crecimiento que coincidió con la defensa de algunos de sus clientes más cuestionados.

Su relación con el poder empezó temprano. En 2004, con 26 años, creó la Fundación Iniciativas por la Paz (Fipaz), que acompañó el proceso de Santa Fe de Ralito entre el gobierno de Álvaro Uribe y los paramilitares e impulsó incluso un referendo para prohibir la extradición. Fue, además, la antesala del despegue de su carrera como litigante.

Pero no todo su prólogo jurídico es controvertido. De la Espriella representó a las víctimas del ataque con ácido contra Natalia Ponce de León y acompañó la ley que endureció las penas para esa conducta. El agresor terminó condenado a más de 21 años de prisión.

También llevó causas colectivas del lado de los afectados. Asumió la representación de comunidades indígenas y afrodescendientes Zenú en el litigio contra la mina Cerro Matoso, que en 2018 ganó un fallo de la Corte Constitucional, y demandó a directivos de Ecopetrol por la explosión del oleoducto de Dosquebradas, en Risaralda, donde murieron 32 personas en 2011.

Padres de Abelardo de la Espriella. Foto: Redes sociales
Sus padres son Abelardo de la Espriella Juris y María Eugenia Otero Aldana. Foto: Redes sociales.

 

Los clientes que hoy le pesan

La otra cara de su hoja de vida es la lista de procesados a los que defendió. En la época de la parapolítica representó a los excongresistas Rocío Arias, Eleonora Pineda, Dieb Maloof y Jorge Caballero, todos condenados por la Corte Suprema de Justicia por sus nexos con las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Ningún cliente le pesa tanto como Alex Saab. De la Espriella lo defendió desde 2013 en procesos por lavado de activos y dice que dejó de representarlo en julio de 2019, al conocer su cercanía con el gobierno de Nicolás Maduro; aun así, llegó a llamarlo “amigo personal”.

El caso estalló de nuevo a una semana de las elecciones. El 24 de mayo, el periodista Daniel Coronell publicó en la revista Cambio una investigación según la cual De la Espriella habría recibido en 2014 giros por más de 370.000 dólares desde dos empresas que Saab usó presuntamente para desviar recursos del Estado venezolano. La columna se apoya en documentos de un expediente civil cerrado en Florida, entre ellos una carta firmada por el abogado.


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De la Espriella no respondió las preguntas que, según Coronell, le formuló antes de publicar. En su campaña sostuvo que los señalamientos eran una estrategia política para frenarlo y retó a probar cualquier ilícito; su entorno insiste, además, en que defender a un cliente no equivale a participar en sus actos.

El imperio del lujo y la “Dolce vita”

Antes de hacer política, De la Espriella construyó una marca personal alrededor del lujo. Bajo el sello Dominio De la Espriella produce el ron Defensor y el vino Fratellone, que elabora en la Toscana italiana; según sus propias declaraciones, rechazó una oferta de 30 millones de dólares por su destilería.

Su catálogo va mucho más allá. Lanzó la línea de ropa masculina De la Espriella Style, con blazers que llegan al millón de pesos, y es socio del piano bar Místico, en Miami, junto al cantante Silvestre Dangond. Su patrimonio se ha estimado en torno a los 10 millones de dólares, aunque parte de su conglomerado registró pérdidas hacia finales de 2025.

Una de las facetas que más sorprende es la de artista. Grabó dos álbumes, canta en cinco idiomas piezas como ‘O sole mio’ y llenó shows en Barranquilla y Miami; antes fue, incluso, productor y mánager del cantante vallenato Iván Villazón. También publicó varios libros, entre ellos la novela policíaca ‘Almas asesinas’.

Una investigación de La Silla Vacía, que rastreó 35 empresas ligadas al hoy presidente en Colombia, Panamá y Estados Unidos, halló socios incómodos en dominio De la Espriella, la sociedad del ron Defensor y el vino Fratellone. Entre ellos figuran Dangond, los petroleros Serafino Iácono y Federico Restrepo, familiares de Hugues Rodríguez Fuentes, condenado por promover grupos paramilitares; el exgobernador Juan Carlos Gossaín, destituido por el llamado “cartel de la hemofilia”, y Aniano Iglesias, mencionado en casos de bienes incautados por narcotráfico.

El medio también describió el círculo que sostiene ese universo: su cuñada Lilian Pineda, el estratega y socio Carlos Suárez, y Daniel Peñarredonda, este último cercano al entorno de Saab y aún vinculado a sus sociedades pese a que De la Espriella lo presentó como ya distanciado. El nuevo presidente afirma que su fortuna le dio independencia para financiar su propia campaña.

Familia de Abelardo. Foto: Redes sociales
Abelardo de la Espriella tiene cuatro hijos y su esposa es Ana Lucía Pineda. Foto: Redes sociales.

 

El Tigre entra en política

En campaña, el hoy presidente se transformó en El Tigre. Sus actos parecían conciertos: cinco pantallas led, videos de tigres, cortinas de humo, escoltas en la tarima y un atril de vidrio antibalas que se volvió habitual tras denunciar amenazas. “Acá está tu tigre, que ruge y muerde”, lanzaba a sus seguidores, entre saludos militares al grito de “¡Firme por la patria!”.

Su espectáculo tenía de todo. En sus cierres salió con la camiseta de la Selección Colombia y un sombrero aguadeño, hubo teloneros y orquesta, y él —que es cantante— trabajó a la multitud manoteando, agachándose y brincando como en una liturgia. Sus discursos rara vez bajaban de los 40 minutos.

El movimiento que lo respaldó mezcla varias corrientes. Se declaraba outsider, pero sumó apoyos del partido cristiano Colombia Justa Libres, de sectores como Salvación Nacional y Creemos, y de poderes regionales como la casa Char en Barranquilla. Lo acompañaron pastores evangélicos y políticos de partidos tradicionales, a quienes en tarima dijo no representar.

Su discurso tuvo un fuerte sello religioso. Afirma vivir bajo principios judeocristianos y propuso una “contrarrevolución cultural” para que el país “regrese a Dios”, pese a haberse declarado ateo en una entrevista de 2020. Defiende la “familia tradicional”, se opone al aborto y promete devolverle el orden al país.

Su forma de hablar es su sello y, a la vez, su problema. De la Espriella mezcla épica patriótica, religión y mano dura, y no esconde el insulto.

Con la prensa, su relación es de choque. Su campaña acusó a Coronell, La Silla Vacía y Cambio de operar una “bodega” de redes para atacarlo —algo que los verificadores no hallaron sustentado— y el abogado anunció acciones judiciales contra periodistas que escribieron sobre su pasado.


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