La Curva, el nombre de un sector en la vía Cúcuta-Ocaña que nada más con ser mencionado trae una imagen rápida a la mente, pero no precisamente positiva. Años de hechos delictivos perpetrados por organizaciones armadas ilegales, han perpetuado en el imaginario colectivo un temor que tiene años y no parece desvanecerse.
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Retenes ilegales, vehículos incinerados, secuestros, ataques con francotirador y asesinatos han marcado episodios de sangre y fuego en este punto, en jurisdicción del municipio de Bucarasica.
Hay un factor clave que lo ha convertido en escenario propicio para estos crímenes, así como un lugar de difícil acceso para la Fuerza Pública: lo remoto que es.
La Curva se ubica a mitad de camino entre Sardinata y Ábrego, lo que hace que se convierta en una especie de punto muerto. La soledad, la falta de localidades, posibles testigos y alumbrado público, acompañan el aura macabra que adorna este punto.
Sardinata queda a 35 kilómetros, un viaje de aproximadamente una hora. Desde Ábrego se debe recorrer una distancia el doble de larga, porque se encuentra a 67 kilómetros, siendo un trayecto que dura cerca de dos horas.
De la capital de Norte de Santander la distancia es de 103 kilómetros y de Ocaña La Curva está a 98,3 kilómetros.
Según Wilfredo Cañizares, director de la fundación Progresar, esta lejanía es un factor clave que ha convertido a La Curva en un destino fundamental para las organizaciones armadas al margen de la ley.
“La ubicación lo hace un lugar estratégico para cualquier actor armado ilegal, porque está alejado de Cúcuta y de Ocaña, que son los dos centros urbanos que conecta”, precisa.
Sin embargo, no es el único elemento a su favor. Es también un eje territorial clave en la geografía del departamento. “Es una de las zonas más altas de la región que conecta al Catatumbo, hacia Hacarí, La Playa, San Calixto y Bucarasica. Por su ubicación es un lugar estratégico al que, por las condiciones del terreno, no es fácil llegar”, agrega.
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El inicio
Para Cañizares, la historia de La Curva figura ampliamente asociada con una organización guerrillera que vio el potencial criminal de dominarla: el Ejército Popular de Liberación (Epl).
A principio de este siglo, con Víctor Ramón Navarro Serrano, alias Megateo, el grupo se adueñó de este importante corredor para el control territorial y poder llevar a cabo sus delitos.
“Hubo un auge en el cultivo de la hoja de coca en Hacarí y La Playa de Belén, principalmente, que utilizaba caminos para salir a La Curva y sacar la droga. Eso lo utilizaba mucho Megateo”, explica.
Los hombres de Navarro estaban asentados en los municipios mencionados, desde donde producían estupefacientes que eran trasladados a Cúcuta, para luego exportarlos a Venezuela.
El director de la fundación Progresar considera que desde ese momento, por el rol clave que estaba tomando en el negocio del narcotráfico, la situación de seguridad se volvió más compleja, al ser un punto de interés para dichos grupos armados al margen de la ley.
Además del Epl, que aunque debilitado sigue teniendo presencia en la zona, también el Ejército de Liberación Nacional (Eln) ha puesto sus ojos en este punto y cometido un par de delitos en el mismo.
Por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y su disidencia, se tiene poco registro de que haya hecho presencia en este punto, fue por eso tan llamativo que aparecieran sus iniciales en la escena del crimen más mediático producido en La Curva, recientemente.
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