Edgar Rojas está sentado en la acera del frente de lo que, hasta hace tres días, era el edificio OPPPE 27 de la Misión Vivienda Venezuela, en la urbanización Caribe. A sus 49 años, se toma los primeros minutos de tregua, tras más de 48 horas de una jornada sobrehumana, en la que a puro pulso y armado solo con un pico y un martillo supera las placas de concreto que se tragaron a su sobrino, Junior Medina, de 8 años.
Edgar estaba en la parroquia Naiguatá, a menos de dos kilómetros de la casa de su familia, cuando la tierra rugió este miércoles 24 de junio tras dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que afectaron a Venezuela. Al enterarse del colapso del OPPPE 27, corrió desesperado hacia las ruinas del edificio para unirse a las labores de rescate.
El pequeño Junior se había quedado en el apartamento bajo el cuidado de su hermano mayor, Anthony Moisés Medina, de 18 años, quien tampoco sobrevivió al derrumbe. En esa búsqueda rudimentaria con el resto de la familia, lograron romper parte de los bloques y abrirse paso hasta la habitación del niño. Allí, entre los escombros provocados por el desastre, aparecieron sus peluches, algo de ropa y su bolso.
A unos metros, el padre de los niños martilla el concreto en silencio. No habla, no mira a nadie; tiene los ojos fijos en los escombros y por momentos llora desconsolado. En su cabeza no había espacio para nada que no sea rescatar los cuerpos de sus hijos. Es Edgar, el tío, quien toma aire y habla por la familia.

Infórmese: Hezbolá rechaza acuerdo entre Líbano e Israel y se niega a entregar las armas
—Nosotros mismos los estamos rescatando. En el bolso conseguimos los documentos de identidad de mi sobrino mayor (…) allí (debajo de los escombros) también está su hermano. Es un momento muy fuerte, pero aquí vamos.
La angustia no termina con los dos muchachos. “En el edificio, bajo los escombros, también tengo a otros tres familiares. No sabemos si aún están con vida porque no los hemos encontrado. En realidad, es muy fuerte y triste todo esto que nos está pasando”, dice entre lágrimas.
El complejo OPPPE 27 fue construido por el Estado para reubicar a familias que quedaron damnificadas por la Tragedia de Vargas de 1999. En las cuatro torres que conformaban la estructura residían más de 600 familias. Tras los sismos de este miércoles, tres de los edificios colapsaron por completo. La única torre que permanece en pie presenta daños estructurales graves y visibles que impiden que vuelva a ser habitada.
Ingrese: Terremotos en la Venezuela de Delcy Rodríguez: las verdades ocultas bajo los escombros del régimen bolivariano
Flor tiene dos días esperando señales de vida de su hija

A 50 metros de las ruinas de las residencias La Jota, en la avenida José María España de Caraballeda, Flor Vera permanece sentada. Espera que los organismos de rescate encuentren a su hija, Maritza González, de 43 años, quien quedó atrapada al colapsar la edificación.
A sus 65 años, Flor llora de frustración por no saber nada de ella. Lleva 48 horas fijando la mirada en el mismo punto. “Estoy esperando que saquen a mi hija de ese edificio que se cayó, tengo dos días aquí. Solo quiero que me la saquen con vida, ya no aguanto ya”, dice entre lágrimas.
Un funcionario del Cuerpo de Bomberos desplegado en el lugar informó a Efecto Cocuyo que, hasta el mediodía de este viernes 26 de junio, no habían logrado extraer a ningún habitante con vida de la estructura residencial.
“Ayer sí pudimos rescatar a varias personas”, relató el uniformado sin precisar la cifra exacta. “Pero hoy solo hemos sacado cuerpos sin vida, lamentablemente”, admitió.
Belkis Chacón espera por el rescate de su sobrino

Los familiares se aferran a la esperanza de encontrar con vida a los suyos. Belkis Chacón, de 61 años, aguarda justo frente a las ruinas de La Jota, se mueve de un lado a otro con nervisismo. Aunque no residía en el edificio, busca desesperadamente a su sobrino, Jhonatan Chacón, de 28 años, quien quedó tapiado tras el sismo.
Antes de la catástrofe, Jhonatan pasaba el día feriado en la playa junto a ella. En la planta baja del edificio funcionaba la licorería Ronsanday; el joven caminó hasta el local para comprar una bebida, pero en ese instante la tierra tembló y la estructura se desplomó por completo.
Lea: El era Argemiro Antolínez Ángel, el colombiano que murió abrazado junto a su pareja tras el terremoto en Venezuela
“Él fue a pagar allí cuando de repente se sintió el terremoto. Yo vi cuando le cayó todo abajo porque justamente estaba parada en los quioscos de la playa. Quedaron todos atrapados, los dueños y las otras personas que estaban comprando”, relató Belkis.
La mujer recuerda que durante la noche del jueves 25 de junio los rescatistas lograron extraer a varios de los atrapados, algunos con signos vitales y otros ya fallecidos.
“Sacaron a una niña de 14 años con vida, a su papá y a la mamá. Yo sé que allí hay más sobrevivientes, pero no los han podido sacar. Nosotros estamos pidiendo ayuda para sacar a nuestros familiares. Estamos desesperados”, apuntó.
La tragedia de Belkis es doble. La vivienda donde residía alquilada también fue destruida por el doble sismo, por lo que ahora pasa las noches refugiada a la intemperie, cerca de los mismos quioscos playeros donde vio caer el edificio.
Los Medina, Flor y Belkis siguen pegados a los escombros en Caribe y Caraballeda. Mientras la angustia, la tristeza, el llanto y los martillos marcan las horas de las labores de rescate.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion