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Cúcuta
Entre sobres, intercambios y recuerdos: el álbum del Mundial que sigue uniendo generaciones en Cúcuta
Cada cuatro años, el álbum del Mundial vuelve a convertirse en un punto de encuentro para miles de aficionados que ven en él mucho más que una simple colección..
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César Leonardo Muñoz Bautista
César Leonardo Muñoz Bautista
Domingo, 28 de Junio de 2026

Mientras millones de aficionados viven la fiesta del Mundial de la FIFA 2026 desde sus dispositivos electrónicos, hay unos apasionados que la ven de manera distinta. No se conforman con solamente esperar la fecha de cada encuentro o celebrar un gol para publicarlo en sus redes.

También destapan cajas, cuentan sobres, intercambian láminas y con todo eso, reviven momentos que los marcaron desde la infancia.

Un álbum de pasta blanda, dura; que se trate del oficial o no, es lo menos relevante. En el corazón de muchos siempre vivirá el recuerdo de aquel detalle que los enlazó con la tradición de coleccionar las láminas de cita orbital.

Para muchos, llenar el álbum es saldar una deuda con su niño interior e incluso cumplirles a personas que ya partieron de este plano terrenal y alguna vez los acompañaron a destapar cada sobre con la ilusión de encontrar a sus futbolistas favoritos.

En Cúcuta, el ambiente mundialista no solamente se encuentra en una taberna, en las caravanas por las avenidas de la ciudad después de las victorias de la Selección Colombia, las camisetas y las charlas previas a los partidos. También se pronuncia en los álbumes coleccionables, tradición que, sin importar el auge digital, se mantiene y se ha convertido en un puente generacional.

 

Ventas de láminas. Foto: Carlos Ramírez / La Opinión.
En diferentes puntos de la ciudad se pueden encontrar láminas del Mundial. Foto: Carlos Ramírez / La Opinión.

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Completar un álbum para los coleccionistas es más que reunir la foto de los deportistas de turno que representan a sus equipos nacionales, en la que se considera el torneo más importante a nivel deportivo del mundo. Es una manera de no dejar apagar recuerdos y compartir tiempo de calidad en familia con costumbres con décadas de historia.

Del álbum a las canchas

El caso del rosariense Deyvi Orjuela es la muestra más clara de lo que un adulto puede llegar a hacer para alcanzar la meta de ese niño que algún día fue. Para él siempre fue un sueño completar el álbum, pero en esta ocasión, sumado a ello, tiene la oportunidad de acompañar a la Selección Colombia.

"Es un sueño de infancia, se hizo realidad. Llené un álbum que cuando era niño no pude tener, ahora al verlo completo, es una satisfacción muy grande", fue su relato emocionado mientras hacía la fila para ingresar al Estadio Guadalajara en el estado de Jalisco (México), para ver el encuentro entre Colombia y República Democrática del Congo.

Su motivación siempre lo llevó más allá de quedarse con las páginas llenas. Para él, completarlo era el primer paso para desbloquear la experiencia que viviría. "Sentía que debía tenerlo en su totalidad, para recibir el derecho, entre comillas, de poder ir al Mundial".


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Para Deyvi hubo una lámina especial e incluso al inicio se propuso que el hecho de conseguirla iba a ser suficiente en caso de no cumplir con su misión. El futbolista en cuestión era el portugués Cristiano Ronaldo. Para su fortuna, como una señal divina que le permitiría conocer lo que le deparaba, lo encontró en la primera caja que compró, hecho que le produjo una emoción que todavía recuerda al relatar su vivencia.

El ambiente en los intercambios

Más allá de las figuras, para Orjuela las conocidas 'cambiatones' son una de las cosas que más se disfrutan en medio del proceso. "Fue bonito ver a niños queriendo cambiar sus figuritas con adultos que tenían la misma ilusión de llenar su álbum. Es una experiencia muy bonita porque permite espacios de interacción entre diferentes generaciones.

 

Rosariense en el Mundial 2026, Deyvi Orjuela. Foto: cortesía
El rosariense Deyvi Orjuela llenó el álbum y viajó al Mundial para acompañar a la Selección Colombia. Foto: cortesía.
 
El legado generacional

Para Camilo González, un joven de Cúcuta, esta afición de coleccionista se la transmitió su padre.

El álbum de Brasil 2014 fue el boleto de entrada a este mundo y desde entonces, cada cuatro años se ha convertido en una oportunidad para departir en familia. 
"Todo nació con el objetivo de tener un recuerdo de los mundiales, sobre todo, para tener las laminitas de la Selección Colombia", comenta.

Dentro de sus mejores recuerdos está el de abrir sobres con sus familiares y visitar los espacios de intercambio. "Para mí fue muy especial cuando mi papá me llevó a intercambiar las láminas coleccionables en un centro comercial".

La perseverancia fue también una de las claves. La lámina del 10 de Colombia, James Rodríguez, fue la más difícil de conseguir, según Camilo. Sin embargo, en tres semanas logró completar su álbum del Mundial 2026 que se juega en Canadá, Estados Unidos y México.

El padre de Camilo puede estar tranquilo, su hijo piensa seguir continuar el legado. "Me gustaría transmitir esta pasión a mis futuros hijos", indica.

Una pasión que no diferencia entre edades y géneros

Esperanza Rodríguez es una cucuteña de 61 años. Es una apasionada por el deporte, quien conserva el álbum desde el Mundial de Estados Unidos 1994 y es de las coleccionistas más "veteranas", como se autodenomina, que asisten a los intercambios.

Por más de tres décadas ha visto cambios en las dinámicas, con relación a precios y opciones de conseguir las figuras, sin embargo, resalta que la esencia no se pierde. "Gracias a las redes sociales, llenar el álbum se ha convertido en una tarea menos compleja", explica.

Rodríguez asegura que se ganó el cariño de muchos de los asistentes por su práctica poco vista: regalar sus láminas repetidas sin esperar nada a cambio. 

 

Colección de Esperanza Rodríguez. Foto: cortesía.
Esperanza Rodríguez colecciona el álbum desde el Mundial de Estados Unidos 1994. Foto: cortesía.

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"Me llena de ilusión poder colaborar. Los niños algunas veces no entendían el motivo por el que les regalaba láminas, sin importar que ellos no tenían nada para cambiar", precisa.

Para esta mujer, el verdadero valor del álbum no se mide en dinero. Por esto, expresa su malestar con algunos padres que incentivan a sus hijos a revender las láminas que suelen ser escasas.

En cambio, destaca el espíritu de muchos coleccionistas. Según ella, gracias a esas buenas actitudes, pudo conseguir las láminas más buscadas sin mayor problema.

En medio de su afición, ha involucrado a varios familiares. Sus hermanos, sobrinos y otros allegados se han colaborado de alguna manera en el proceso, donde tareas como pegar láminas, terminan siendo una actividad compartida.

"Mis sobrinas me ayudan a pegarlas, yo soy bastante meticulosa e intento que no me queden torcidas porque no me gusta", comenta entre risas.

Su historia comprueba que el álbum no es solo una etapa, es un objeto que carga un alto valor sentimental y puede acompañar en distinto momento de la vida.


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Una forma de obtener buenas ventas cada cuatro años

Luz Neida Camacho ha sido testigo directo de esta transformación. Ella es una vendedora informal del centro de Cúcuta, que cada cuatro años conoce de cerca el comportamiento de los coleccionistas.

Desde el Mundial de Corea y Japón 2002, comercializa álbumes y objetos de colección como el balón oficial y trofeos de la copa. Según Camacho, el entusiasmo en este Mundial ha sido alto.

"La gente está emocionada, eran ocho años sin ir al Mundial (Rusia 2018), las ventas se han duplicado frente a otros campeonatos de la misma magnitud", precisa.

Durante varias semanas niños, jóvenes y adultos han visitado su puesto frente al parque Santander para llevar sus álbumes, sobres o comprar láminas individuales. "Cuando se acaba la mercancía la gente se desespera. Las personas quieren llenar el álbum rápido", dice.

 

Ventas de láminas del Álbum del Mundial 2026. Foto: Carlos Ramírez / La Opinión.
Luz Neida Camacho tiene su punto de venta de artículos mundialistas en el centro de Cúcuta. Foto: Carlos Ramírez / La Opinión.
 
La explicación del fenómeno es más amplia de lo que parece

Según Lina Hernández, gerente de Mercadeo de Panini en Colombia, el álbum se ha mantenido vigente porque es una tradición que se transmite de generación en generación y fomenta los encuentros presenciales en una época dominada por las pantallas.

Más allá de las cifras de ventas, la estrategia comercial o la cantidad de selecciones participantes, mientras se quiera reconstruir recuerdo, el álbum seguirá vigente.

En un mundo donde lo cotidiano ha sido en su mayoría reemplazado por lo digital, destapar un sobre, buscar la mejor forma de pegar láminas o ir a intercambiarlas, seguirá siendo un símbolo de unión.

Y quizás ahí radique el verdadero valor de esta experiencia, las historias, risas e incluso tristezas, quedarán para siempre entre sus páginas.


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