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Cúcuta
El Cementerio Central de Cúcuta, un laboratorio de metodologías para la antropología forense
Carlos Andrés Ariza Castillo destacó la importancia del cementerio para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.
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Jhonatan Orjuela Prato
Jhonatan Orjuela Prato
Domingo, 28 de Junio de 2026

Por el contexto tan único que rodea a Norte de Santander, tanto a nivel geográfico: por su posición territorial, cercanía con la frontera venezolana, apropiación del Catatumbo; como en el aspecto social: siendo una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la muerte violenta en este departamento pasa a ser materia de extensos estudios.


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Es así como en medio de los procedimientos judiciales y funerarios, la gran mayoría de los cuerpos de personas asesinadas pasan por el Cementerio Central de Cúcuta; algunos apenas de forma momentánea, mientras sus familiares adelantan las labores en los despachos, otros tienen un destino mucho más cruel y pueden pasar años bajo tierra, sin que nadie los visite ni los reconozca ni los reclame, porque no se sabe que están allí.

De las miles de personas que llegan al cementerio de forma anual, hay un porcentaje considerable que lo hace como NN, abreviatura del latín que traduce “sin nombre”. De esas unas tantas son personas desaparecidas de las que su familia no tienen rastro alguno y se resignaron a su desaparición.

Solamente entre 1985 y 2016, habrían sido enterradas 770 personas desaparecidas que estarían siendo buscadas por sus familiares. Esta cifra es obtenida de un trabajo de investigación adelantado por la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).

Perteneciente a esta entidad pública de carácter nacional, es Carlos Andrés Ariza Castillo, uno de los pocos antropólogos forenses del país, uno de los principales encargados de encabezar la búsqueda de personas desaparecidas.


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En sus ya más de 20 años de carrera profesional, desde que se graduó en la Universidad Nacional de Colombia, ha hecho varias especializaciones y maestrías en cuestiones relacionadas con la búsqueda de desaparecidos e identificación de cadáveres, en temas forenses e investigación criminal.

Ha trabajado en situaciones del conflicto armado, recuperación de cuerpos tras accidentes aéreos, entre esos, uno de los casos que más impacto causó en todo el país: la trágica caída del avión en el que el equipo de fútbol Associação Chapecoense de Futebol viajaba a Medellín, aunque de camino se estrellaron contra un cerro en el municipio de La Unión, el 28 de noviembre de 2016.

Más recientemente, destaca su participación en lo que describe como un “hito fantástico para la búsqueda”, con el hallazgo, identificación y entrega digna del cuerpo del padre Camilo Torres Restrepo, el pasado mes de febrero, después de 60 años desaparecido. Aun con todo su extenso recorrido, ha encontrado en el Cementerio Central de Cúcuta “un laboratorio de metodologías”, de acuerdo con sus declaraciones para La Opinión, precisamente desde ese entorno.

Carlos Andrés Ariza Antropólogo 4

 

Desde el cementerio

Rodeado de miles de sepulcros, Carlos Andrés Ariza Castillo, quien ya ha pasado varias veces por ese escenario fúnebre en medio de su labor, lo destaca como un contexto clave para su labor. “Este cementerio ha significado un desafío para probar nuevas metodologías, para diseñar estrategias que permitan abordar los desafíos que significa la búsqueda de cadáveres que podrían ser de personas dadas por desaparecidas y que se encuentran no solo en este cementerio, sino en todos los camposantos”, declara.

Una de las principales dificultades que se presentan en este escenario es la ‘persecución de los cadáveres’, porque una vez que pasan por Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, sin que se logre determinar su identidad, son llevados a un sepulcro.

Sin embargo, por distintas razones, resulta que terminaron siendo cambiados de lugar, sin que se mantenga un registro detallado del sitio a donde fueron trasladados.

Eso ocasiona un trauma, porque tras la denuncia de la posible desaparición, en Medicina Legal se obtiene el lugar donde fue enterrado el cuerpo que se sospecha pertenece a la persona, pero al hacer la exhumación, los restos ya no están allí.

“Lo que hemos logrado detectar es la falta de documentación que tiene el Cementerio Central de Cúcuta sobre los cadáveres de interés”, advierte.

Ariza puntualiza que antes de 2007 no existía un sistema automatizado dactilar en el país que permitiera tomar las huellas de un cadáver, pasar los datos por un sistema y encontrar una coincidencia con el ciudadano al que corresponden. En cambio, se hacían procedimientos manuales a través de cotejos dactiloscópicos.


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Carlos Andrés Ariza Antropólogo 2

 

El recorrido

Su labor ha estado casi siempre ligada a las distintas dinámicas de la desaparición, especialmente desde el proceso de Ley de Justicia y Paz del año 2005, con las confesiones e informaciones de donde estaban cientos de personas desaparecidas que debían ser devueltas a sus familias.

“Los aportes de información de los exintegrantes de estos grupos llevó al crecimiento del ámbito de la antropología forense en Colombia. En ese momento éramos muy pocos grupos de antropología y antropólogos forenses en el país”, declara Andrés Ariza Castillo frente a este momento que dio inicio a su carrera.

Desde allí fue trabajando para distintas instituciones y diferentes escenarios de búsqueda, no solamente asociados a la justicia transicional sino también a otras dinámicas delictivas como el secuestro, homicidios y desaparición forzada, llegando incluso a ser parte del subcomité de antropología forense de Interpol.

Tras esto, llegó a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD). “Ha sido un cambio tremendo, porque fue pasar de lo judicial a lo extrajudicial y lo humanitario, y eso le dio un vuelco a la comprensión del trabajo que yo tenía sobre el quehacer de la búsqueda”, confiesa el antropólogo frente a esta unidad en la que ya lleva ocho años de trabajo.


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Carlos Andrés Ariza Antropólogo 3

 

Sobre la búsqueda

Ariza reconoce que la búsqueda de personas dadas por desaparecidas está liderada por las mujeres, “porque el conflicto se ha ensañado con la población masculina”.

También admite que son ellas quienes han liderado por décadas la búsqueda y son quienes participaron en las mesas de negociación en procesos de paz, impulsando la creación de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas. “A ellas nos debemos”, concluye.

También declara que el carácter humanitario, extrajudicial y confidencial de su labor va en función de dar una respuesta a estas familias, pero contando con la participación de los familiares de las víctimas.

Ese carácter humanitario ha permitido que la unidad pueda entrar a puntos que parecían demasiado complejos, por ser sectores donde aún se mantiene el conflicto armado, destacando el Catatumbo. “A nadie es un secreto que allí se mantiene un conflicto activo, pero la comprensión de lo humanitario le permite a la entidad seguir trabajando, encontrando cuerpos y entregándoselos a sus familias. Porque la misión es paliarles el sufrimiento a las personas, contribuir a sus procesos de verdad y aportar en la construcción de paz en el país”, agrega.

Finalmente, hace un llamado a que todo aquel que desee aportar a esa paz, se sume con su labor. “Que se sumen antropólogos, odontólogos, investigadores a esta tarea hace más viable dar respuesta a una familia; aquellos profesionales que quieran aportar a la construcción de paz, sería importante que se sumaran, que vieran como una vocación la posibilidad de engrosar las filas de los equipos de búsqueda de personas dadas por desaparecidas, contribuir a las familias que llevan décadas buscando y se merecen una respuesta”, finaliza.


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