Por el contexto tan único que rodea a Norte de Santander, tanto a nivel geográfico: por su posición territorial, cercanía con la frontera venezolana, apropiación del Catatumbo; como en el aspecto social: siendo una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la muerte violenta en este departamento pasa a ser materia de extensos estudios.
Siga leyendo: La Parada, campo de guerra de las autoridades contra el Tren de Aragua en Villa del Rosario
Es así como en medio de los procedimientos judiciales y funerarios, la gran mayoría de los cuerpos de personas asesinadas pasan por el Cementerio Central de Cúcuta; algunos apenas de forma momentánea, mientras sus familiares adelantan las labores en los despachos, otros tienen un destino mucho más cruel y pueden pasar años bajo tierra, sin que nadie los visite ni los reconozca ni los reclame, porque no se sabe que están allí.
De las miles de personas que llegan al cementerio de forma anual, hay un porcentaje considerable que lo hace como NN, abreviatura del latín que traduce “sin nombre”. De esas unas tantas son personas desaparecidas de las que su familia no tienen rastro alguno y se resignaron a su desaparición.
Solamente entre 1985 y 2016, habrían sido enterradas 770 personas desaparecidas que estarían siendo buscadas por sus familiares. Esta cifra es obtenida de un trabajo de investigación adelantado por la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).
Perteneciente a esta entidad pública de carácter nacional, es Carlos Andrés Ariza Castillo, uno de los pocos antropólogos forenses del país, uno de los principales encargados de encabezar la búsqueda de personas desaparecidas.
Además: La justicia lo alcanzó en Bogotá: habría abusado de una vecina en Pamplona
En sus ya más de 20 años de carrera profesional, desde que se graduó en la Universidad Nacional de Colombia, ha hecho varias especializaciones y maestrías en cuestiones relacionadas con la búsqueda de desaparecidos e identificación de cadáveres, en temas forenses e investigación criminal.
Ha trabajado en situaciones del conflicto armado, recuperación de cuerpos tras accidentes aéreos, entre esos, uno de los casos que más impacto causó en todo el país: la trágica caída del avión en el que el equipo de fútbol Associação Chapecoense de Futebol viajaba a Medellín, aunque de camino se estrellaron contra un cerro en el municipio de La Unión, el 28 de noviembre de 2016.
Más recientemente, destaca su participación en lo que describe como un “hito fantástico para la búsqueda”, con el hallazgo, identificación y entrega digna del cuerpo del padre Camilo Torres Restrepo, el pasado mes de febrero, después de 60 años desaparecido. Aun con todo su extenso recorrido, ha encontrado en el Cementerio Central de Cúcuta “un laboratorio de metodologías”, de acuerdo con sus declaraciones para La Opinión, precisamente desde ese entorno.