El eslabón perdido
El proyecto data de mediados de la década de los 80 y surgió para solventar la difícil situación vivida por el sector agropecuario de la zona del Catatumbo. Sin embargo, esa iniciativa nunca prosperó y ahora se debe entregar en comodato para instruir a los jóvenes de la región.
“Esa planta fue fruto de los movimientos agrarios que reclamaban herramientas e infraestructura para la producción, transformación y comercialización de las cosechas. Se logró la construcción del centro de acopio y luego ensamblar la maquinaria. En esa cadena falló un eslabón importante, como la venta de la pasta, y ahí se frustró el sueño de los campesinos”, manifiesta el exalcalde Iván Manzano Rincón, quien alcanzó a suscribir un convenio con un empresario en el año 2002.
Tanto los alcaldes como los gobernadores han hecho muchos intentos para modernizar y actualizar el sistema a las nuevas tecnologías, con el propósito de fortalecer los territorios, pero ha sido imposible.
Cuando se desempeñó como secretario de Desarrollo del Departamento, Manzano Rincón intentó reactivar la planta en 2017. “La voluntad ha existido, pero el galopante avance de la tecnología impide utilizar esa maquinaria”, agrega.
La planta estaba proyectada para una producción de 24 toneladas diarias; sin embargo, los cultivadores no alcanzaban a suministrar las cosechas y, además, la calidad dio al traste con la iniciativa.
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El alcalde de Ocaña, Emiro Cañizares Plata, anunció la visita del director nacional del SENA, Fray Ricardo Torres Castro, a quien le hará entrega de una propuesta para la transferencia de esos activos agropecuarios sin uso, con el fin de saldar una deuda pendiente con el campo de la provincia de Ocaña y la zona del Catatumbo.
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