Cuando un año se va la alborada más estruendosa se hace en Durania, municipio ubicado a escasos cuarenta kilómetros de Cúcuta donde esta coyuntura de tiempo se ha convertido en un carnaval, que con el paso de los años, destella como tradición.
Dicen que fue en la década del sesenta cuando un hombre fiestero de origen venezolano de nombre Fermín Sandoval organizó en el barrio “San Mario” las comparsas que deberían despedir y saludar al nuevo año entre alegorías que no son más que frases sueltas que buscan rima al final para dar la sensación de ser una composición que guarda una asimetría y coherencia entre el texto y ritmo y que no son más que letanías en las que se narran las vivencias, y anécdotas de los habitantes de ese pueblo durante el año que se marcha, conocidas allí como “ensaladillas”.
Para ese tiempo Durania era igual de grande y la vida más citadina entre el zapatero, el sepulturero, el comerciante, el bodeguero, el panadero, el policía, el cura, el profesor y el alcalde.
A cada uno, don Fermín hacía inventario de acciones y así fueran de su vida privada, en esas “ensaladillas” todo se convertía en mofa pública de las que nadie escapaba:
“Don Carlos Miranda
que es un hombre muy serio
le recordamos que los muertos
están esperando
el agua en el cementerio”.
Allí se cuentan las frustraciones, lo que se prometió y no se cumplió, el que engañó, el que desilusionó, al que le fueron infiel, al extremo de que algunos matrimonios se perdieron. A través de esas narraciones se descubren cosas y la costumbre se convierte en tradición, al punto de que esa es una cita anual a la que nadie falta en la localidad.
Una fiesta
Horas antes desfilan las comparsas, pasan los músicos, los disfraces integrándose con las gentes.
En el escenario reaparece la figura de la “cucamba” que vuelve a las calles de Durania mientras que en un desvencijado camión se pasea al muñeco que representa a una personalidad del pueblo del que dicen las gentes: “merece ser quemado”.
En su nombre, la multitud se divierte y brinda. En una ocasión, el muñeco que sirvió para despedir los 365 días del año fue el que representaba a un concejal al que llaman “Tin Ton”, para quien su verso de despedida decía lo siguiente:
“Amigos de mi Durania
Ya con esta me despido
Mañana a esta hora
Estaré toditito destruido
A perrazaso le encargo a Yuli
A quien quiero de corazón
Aquí me despido de todos
Su concejal Tin Ton.
A Tin Ton, cuyo trabajo es instalar antenas lo quemaron con antena y perro.
Así como ocurrió con él, el pueblo se alista para otra actividad de esta naturaleza, en donde en honor del monigote que será convertido en humeantes cenizas, las “ensaladillas” irán brotando mientras las habitantes del municipio y los visitantes se gozan la fiesta para despedir un año más.
La pólvora
Y la noche del primer día de 2018, como ha venido ocurriendo, también se iluminará con el relampaguear de la pólvora.
Ese retumbar que se escuchará desde el barrio San Marino hasta la Palma, anunciará que ha empezado a irse para siempre el año viejo, en el preámbulo de una fiesta que se prolongará por horas. Mientras la recamara serpentea entre la hierba, los asistentes, como siempre se hace, se arremolinarán a la espera del estruendo mayor que llevará el mensaje de que el muñeco se ha desperdigado en mil pedazos.
Ese es el momento cumbre. Es la sepultura de un año y el nacimiento de otro, la multitud se abraza y se reconoce en un acto de fe que los compromete a estar allí el próximo año; la atmosfera embulle a las gentes en ese festín.
Entonces se quiere saber quién fue el protagonista de una “ensaladilla”, reconocerlo y al final serpentear con lo que queda del inmolado.
Así es Durania, en medio de una fiesta ya cincuentenaria, convertida en tradición por un pueblo que cada primero de enero despide los doce meses que ya pasaron, entre “ensaladillas” con la sentencia de:
“Sera el año entrante
cuando nos volvamos a ver
para escuchar las ensaladillas
en Durania, Norte de Santander”.
La tradición
Sobre este particular, en el sitio web de la Alcaldía de Durania se hace la siguiente explicación:
Las famosas “ensaladillas”, no son más que coplas o versos donde se relatan los principales acontecimientos sucedidos en la población durante el año que termina, así también relatan algunos hechos protagonizados por algunos de los habitantes de la población de un forma que a todos hacen reír. Estas ensaladillas son revisadas por el alcalde y el inspector de Policía a fin de retirar las que pueden ofender la honra de la persona o personas mencionadas en la misma.
Así mismo, el alcalde municipal del momento tiene por tradición la potestad de elegir qué persona de la población será el año viejo, del cual se hará una réplica en un muñeco hecho con ropas viejas y relleno de tamo y pólvora para ser quemado el primero de enero a las 6:00 de la tarde.
Para la lectura de las ensaladillas se organiza un desfile con el año viejo y comparsa de disfraces, este tradicionalmente comienza entre la 1:00 a 2:00 de la tarde y recorre toda la población, cada ciertas calles son leídas la totalidad de las ensaladillas en un esquina para que toda la población y visitantes las escuche, este desfile culmina en la cancha de fútbol Córdova, donde previamente en el centro se ha clavado una gran estaca de madera para izar el año viejo, en este punto se leen por última vez las ensaladillas ya promediando las 6:00 de la tarde.
Del muñeco de año viejo se desprende una larga mecha de pólvora, la cual tiene atadas aproximadamente 200 petardos pirotécnicos los cuales estallan en la medida que la mecha se quema, al final el año viejo explota en mil pedazos y por tradición quienes asisten se vuelven a dar el abrazo de año nuevo e inmediatamente inicia la quema de juegos pirotécnicos la cual demora aproximadamente entre 15 y 20 minutos.
