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Ser padre en Norte de Santander: una labor que va más allá del sustento económico
Más allá de proveer, cada vez más hombres asumen solos la crianza de sus hijos, en medio de desafíos sociales, emocionales y de violencia.
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Camila Rojas,periodista
Camila Rojas
Domingo, 14 de Junio de 2026

Todos los días, el cucuteño Alexander Mantilla se levanta muy temprano para cumplir con las responsabilidades del hogar. Preparar el desayuno, el almuerzo y arreglar a sus hijos para ir al colegio, son actividades que por cerca de cuatro años se han apoderado de su rutina diaria.

El motor de su vida son sus dos hijos de ocho y seis años de edad, por quienes asumió el rol de ser padre cabeza de hogar, tras su separación con la madre de los menores. 

“Asumí la responsabilidad. Al principio fue un poco duro estar solo, pero lo más bonito de ser padre es llegar a la casa y que ellos me reciban, siempre estoy allí para darles lo que necesitan”, cuenta al describir su labor. 

Aunque luego de la ruptura conyugal los pequeños estuvieron con la madre por un tiempo, asegura que finalmente fue él quien se hizo cargo de formar y convivir con sus hijos. 

Alexander Mantilla


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“Al principio contaba con el respaldo de mi mamá, pero ella falleció hace un año, ahora estoy haciendo de padre y madre solo, con el apoyo de una persona que también me ayuda a diario con los niños mientras estoy trabajando”, señala.

Con la ilusión de darles un futuro mejor a sus pequeños, sale todos los días a trabajar adelantando oficios varios como la aplicación de estuco y pintura a viviendas en Cúcuta, dependiendo de los contratos que consigue mensualmente.  

Al preguntarle sobre los motivos que lo llevaron a ejercer la paternidad de esta manera, sin dudar responde que el amor incondicional por darles a ellos lo necesario y compartir tiempo de calidad, es el pilar que lo impulsa para seguir adelante. 

Mantilla sostiene que, aunque para algunas personas suele parecer un poco extraño que un hombre lidere las labores del hogar y sea el principal proveedor económico, solo es un pensamiento relativo.

“No todos los hombres o todas las mujeres somos iguales, a las personas les digo que hay hombres que podemos sacar adelante el hogar. Ser papá para mi es ser todo, es estar cuando ellos me necesitan”, agrega.

Una realidad con rostro masculino

A pesar de que en Colombia las responsabilidades del hogar y el cuidado de los hijos ha recaído durante años sobre las mujeres, hoy en día esta es una realidad que ha venido cambiando, aunque de manera silenciosa. 

En la actualidad, son más los padres que, como Alexander Mantilla, cumplen oficios domésticos al preparar los alimentos, planchar, lavar y estar al tanto de las tareas de sus hijos, compartiendo su función de proveedores económicos con la crianza. 


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Así lo revela la Encuesta de Calidad de Vida del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en la cual se refleja que el año pasado en Colombia el 7,5% de los hogares lo lideraba un padre soltero con hijos menores de 18 años. 

Dicha cifra se traduce en 1.421.400 familias y muestra un leve crecimiento frente al 2024, cuando en el país se registraban 1.220.274 (6,6%) hogares con estas características. 

Y es que ser padre, hoy en día, no solo implica tener la responsabilidad de proveer económicamente, sino de guiar, educar y tener una presencia más activa dentro del hogar.

Este panorama no es ajeno a Norte de Santander, en donde en 2025 se registraron 534.000 familias de las cuales 33.108 también estaban conformadas por jefes de hogar sin cónyuge con hijos menores, es decir una proporción equivalente al 6,2%. 

Cuando el hogar depende de papá

Los retos que enfrentan muchos padres, no solo se resumen a las labores domésticas, sino que también se extienden a la preocupación por tener un trabajo estable para sostener  a sus hijos. 

Para conocer a mayor profundidad el rol que asumen a nivel social y económico, La Opinión consultó a la analista de mercado laboral, Sharyn Nataly Hernández Fuentes, quien explica los principales retos que enfrentan los papás hoy en día.

Día del Padre

“Norte de Santander registra una de las tasas de informalidad laboral más elevadas del país, superando el 80% en algunos sectores. Muchos padres subsisten del comercio informal, la agricultura o el rebusque diario, lo que genera inestabilidad de ingresos y falta de garantías de seguridad”, indica.


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Según la experta, partiendo de los datos del DANE, en el primer trimestre de 2026, la Tasa Global de Participación TGP  fue 73,4% para el total de jefes de hogar; 59,7% para los cónyuges, y 57,2% para los hijos.

“Esto significa que casi tres de cada cuatro personas catalogadas como jefes de hogar están buscando activamente ingresos o empleo. Esto tiene sentido lógico, porque son el pilar financiero de sus familias.  El tema está en la calidad del empleo que se genera o que logran conseguir”, explica.

Para Hernández, estos desafíos son aún mayores si los jefes de hogar se encuentran en las zonas urbanas o rurales, ya que el sustento económico también se relaciona con el estilo de vida que llevan y el que puedan ofrecer a sus hijos. 

“Evidentemente el costo de vida en la zona rural no es el mismo que en la zona urbana de Cúcuta y el área metropolitana. En las zonas rurales los mercados laborales están menos diversificados, concentrándose principalmente en la agricultura, ganadería o extracción de materias primas. Los padres suelen trabajar más horas con ingresos más bajos y mayor inestabilidad.  Es decir que si el panorama es desalentador en la ciudad, en el campo se ve mayormente afectada”, sostiene. 

Un papá presente, más allá de lo económico

Ser padre no solo implica convertirse en el proveedor económico para su hijos, también es una labor que se vive desde el corazón, acompañando cada momento de su vida, y que tiene un papel importante durante la crianza.

Así lo explica Leidy Johana Medina Bastos, psicóloga egresada de la Universidad Simón Bolívar con experiencia en psicología educativa, para quien la paternidad está directamente relacionada con el concepto que aún se sigue teniendo frente a la masculinidad. 

“Para entender la labor de los padres, primero hay que empezar hablando del rol que socialmente se les ha impuesto como hombres, ya que se tiende a relacionar este concepto con la cultura de que no deben expresar sus sentimientos y deben resolver a toda costa las necesidades económicas del hogar”, afirma.

Para Medina, el acompañamiento tanto del padre como de la madre es fundamental durante la crianza de los hijos y su ausencia emocional puede desencadenar heridas en la adolescencia o en la adultez.

“Podemos hablar de una deuda emocional, pero hay que diferenciar que una cosa es cuando tenemos padres que solamente son proveedores dentro del hogar y ausentes emocionalmente y otra, cuando no proveen económicamente y tampoco son afectivos”, dice.
Es allí donde sostiene que la presencia del rol como padre va más allá de la economía y de las labores domésticas, sino que también debe extenderse al apoyo emocional. 

Dicha ausencia puede ocasionar en el futuro, “heridas de infancia” que desencadenan sentimientos relacionados con el abandono y el rechazo. 

Ser padre en medio del conflicto armado

“Que me devuelvan a mi hija, se la llevaron y no he vuelto a tener mayor razón de ella”, es el clamor de Ramón Beltrán, un padre de familia que reside en zona rural de Tibú y que hace varias semanas permanece en la incertidumbre tras el reclutamiento de su hija, una menor de 13 años. 

Desde el pasado 2 de abril, este padre ha manifestado en diferentes medios de comunicación que guarda la esperanza de recibirla en casa, tras ser llevada en horas de la noche a la fuerza, por presuntos integrantes de las disidencias del Frente 33 de las Farc, en la subregión del Catatumbo. 

Como él, son muchos los padres que en Norte de Santander, no solo se enfrentan a la crisis económica y social, sino a un enemigo que durante años se ha adentrado en la tranquilidad de sus hogares: el conflicto armado. 

Según lo señala Enrique Pertuz, director general de la Corporación Red Departamental de Defensores de Derechos Humanos (Corporeddhh), el conflicto armado ha tenido un profundo impacto en los padres de familia, especialmente en el Catatumbo y el área metropolitana de Cúcuta. 

“Los padres de familia siguen enfrentando riesgos que afectan directamente su tranquilidad, sus proyectos de vida y la protección de sus hijos. Esta situación se materializa con la existencia de padres que son víctimas de desplazamientos forzados, amenazas, el reclutamiento de sus hijos por los grupos armados, pérdidas de sus economías, de viviendas, entre otras situaciones”, asegura. 

Para Pertuz, el conflicto se convierte en una barrera que limita la capacidad de los padres para proteger y garantizar el bienestar de sus hijos, ya que cuando uno de ellos es desplazado o amenazado, se reducen las posibilidades de garantizar su alimentación y educación. 

“Las familias suelen enfrentar procesos de desintegración, pérdida de estabilidad económica y afectaciones emocionales profundas. En muchos casos, el desplazamiento obliga a abandonar redes de apoyo comunitarias y familiares. También se incrementan situaciones de vulnerabilidad social, pobreza y dificultades para garantizar los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes”, indica.

Es así como ser padre en Norte de Santander no solo implica enfrentar los desafíos económicos, emocionales y sociales que surgen dentro del hogar, sino también asumir un compromiso permanente en medio de un entorno marcado por la incertidumbre. 

La responsabilidad de proveer, educar y acompañar a sus hijos, se entrelaza con realidades como la inestabilidad laboral, las brechas sociales y, en algunos territorios, las consecuencias del conflicto armado.

Los padres también viven la violencia

Angélica María Camacho, secretaria de la Mujer y Equidad de Género de la Gobernación de Norte de Santander, informa que durante 2025 se registraron cerca de 2.470 casos de violencia intrafamiliar en el departamento, entre hombres y mujeres. 

“Aunque las mujeres siguen siendo mayoría, los hombres también resultan afectados. La evidencia nacional muestra que entre una cuarta y una tercera parte de los casos notificados corresponden a hombres, lo que nos obliga a fortalecer las rutas de atención sin distinción”, señala. 

A nivel nacional, los sistemas de vigilancia reportaron que en 2025 el 33,4% de las víctimas de violencia intrafamiliar y de género fueron hombres, mientras que el 66,6% mujeres.

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