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Cúcuta
La nomenclatura que Cúcuta tuvo en sus manos y nunca llegó a las calles
El plan era que las alcaldías que sucedieron a la de Donamaris Ramírez instalaran la nomenclatura que quedaba lista, pero, de manera inexplicable, no lo hicieron.
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Orlando Carvajal - Periodista La Opinión
Orlando Carvajal
Domingo, 23 de Agosto de 2026

Para un cucuteño no resulta extraño que una dirección venga acompañada de una explicación. “Es por la Calle del Amor”, “cerca de la Calle del Burro”, “en la Curva del Pescado” o “por la Silla Coja”, son indicaciones que para muchos ciudadanos tienen más utilidad que los datos escritos en un papel.

Son nombres que sobrevivieron al crecimiento de Cúcuta y que se instalaron en la memoria de sus habitantes. El problema aparece cuando quien necesita llegar a esos lugares no conoce la ciudad, cuando un domicilio debe entregarse con precisión o cuando una empresa de servicios públicos necesita identificar exactamente dónde está un usuario.

La capital de Norte de Santander lleva décadas enfrentando esa dificultad. La ciudad creció, aparecieron nuevos barrios y asentamientos, pero las referencias para encontrar una dirección no evolucionaron al mismo ritmo. 

En distintas zonas una misma nomenclatura puede repetirse. La calle 8 con avenida 10, por ejemplo, puede encontrarse en diferentes sectores de la ciudad. Para quienes conocen Cúcuta esto puede resolverse con una referencia adicional. Los que por primera vez vienen y se enfrentan a esa enrevesada nomenclatura, la situación es distinta.


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“Como estas direcciones se repiten en varias partes de la ciudad, entonces lo que uno hace es  preguntar o buscar otras referencias con el pasajero sobre el lugar al que se dirige, porque si no se corre el riesgo de llegar al lugar equivocado”, cuenta Elibardo Montes, taxista de la empresa Cone.

El problema también lo conocen quienes trabajan diariamente en labores de mensajería. Juan Carlos Robles, domiciliario desde hace una década en el área metropolitana, asegura que Cúcuta es una de las ciudades donde resulta más complicado ubicar un destino. En barrios como Chapinero, explica, algunas viviendas tienen hasta tres placas con diferentes direcciones.

Una ciudad con varias formas de ubicarse

La falta de una nomenclatura unificada hace que la orientación dependa, en buena parte, del conocimiento que tengan los habitantes de cada sector. 

Todavía es común que una persona explique cómo llegar a un sitio indicando que hay que doblar después de una tienda, pasar por determinada esquina o buscar un árbol, una cancha o cualquier otro punto  conocido por los vecinos.


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Para quienes viven en Cúcuta, esas referencias forman parte de la vida cotidiana. Para un visitante, un repartidor o una persona que necesita localizar un predio con exactitud, pueden convertirse en un problema.

Juan Antonio Nieto, quien fue director nacional del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), recuerda que, precisamente, esa situación de contar con 25 formas de nomenclatura en la ciudad llevó a plantear una solución durante la administración del exalcalde Donamaris Ramírez Lobo.

la señalética que está instalada ya está obsoleta y se requiere una nueva./Foto Carlos Ramírez/La Opinión
 
El proyecto que quedó listo

Entre 2014 y 2015, Ramírez y Nieto acordaron trabajar en la actualización de la nomenclatura de Cúcuta. El IGAC puso su capacidad técnica para desarrollar el proyecto. La labor contó también con el apoyo de la administración municipal, y comenzó tomando como referencia una zona de la ciudad para luego extenderse hacia sectores como Atalaya, el área del aeropuerto y otras zonas de expansión urbana. La intención era organizar la nomenclatura de acuerdo con el crecimiento que había tenido la ciudad.

Nieto sostiene que el resultado fue un trabajo técnico elaborado por cartógrafos y geógrafos del IGAC con experiencia en proyectos similares en otros países. El estudio fue entregado y el siguiente paso, llevar esa nueva organización a las calles y a las fachadas mediante placas y señalización, les correspondía a las administraciones que sucedieron a la de Donamaris Ramírez.Pero esa segunda parte, que le daría orden a la ciudad durante los próximos 50 años, nunca ocurrió, sencillamente porque la tarea era que las siguientes administraciones se encargaran de instalarla y estas no lo hicieron.


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La razón, dice el exdirector del Instituto Geográfico Agustín Codazzi,  fue la falta de recursos y de voluntad de los siguientes alcaldes para instalar la señalética. 

Para entonces, se  calculaba que el costo podía rondar los $10.000 millones. Su propuesta era que el municipio y las empresas de servicios públicos compartieran el esfuerzo económico, teniendo en cuenta que serían algunos de los principales beneficiados.

La inversión no se hizo y esta organización diseñada para la orientación espacial por parte de sus habitantes y el registro de predios por parte de las autoridades, quedó archivada.

Un costo que va más allá de encontrar una dirección

El problema no termina en que un taxista tenga que preguntar dos o tres veces antes de llegar a una vivienda. Nieto advierte que una nomenclatura actualizada también tiene relación con la identificación de los predios, la prestación de los servicios públicos y la posibilidad de avanzar en la legalización de propiedades.

En Cúcuta existen predios que no han podido ser identificados y legalizados adecuadamente. Esto tiene una consecuencia para las finanzas municipales: si un inmueble no está plenamente identificado, también puede quedar por fuera del cobro correspondiente del impuesto predial.


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Para las empresas de servicios públicos, una dirección precisa permitiría identificar con mayor facilidad dónde se localizan  sus usuarios. Esa fue, precisamente, una de las razones por las que Nieto consideró que las compañías debían participar en la financiación de la señalización.

Es decir, la nomenclatura no sería únicamente un asunto de placas en las esquinas o en las fachadas. También tendría efectos sobre el catastro, la prestación de servicios, la movilidad y los ingresos municipales.

En muchos barrios del oriente, occidente y norte las viviendas se rigen por varias nomenclaturas./Foto Carlos Ramírez/La Opinión


¿Se puede recuperar lo que ya se hizo?

La respuesta no es que Cúcuta pueda simplemente sacar del archivo las placas diseñadas hace más de una década y comenzar a instalarlas.

Teniendo presente lo expuesto por Juan Antonio Nieto, el proceso adelantado podría servir como punto de partida hacia la actualización del estudio, porque Cúcuta ha continuado creciendo y, por tanto, la información utilizada hace aproximadamente diez años tendría que ser revisada.

La posibilidad de aprovechar ese trabajo anterior, por tanto, dependería de la información que todavía conserve la administración y del estado actual de la cartografía, los barrios, las calles, avenidas, transversales, diagonales y los predios.

Lo que sí está claro es que la Alcaldía volvió a poner el tema sobre la mesa porque, gracias a este sistema, las direcciones se asignan de forma ordenada, lo que facilita la ubicación de viviendas, negocios y otros lugares, y contribuye a una mejor organización de la ciudad.


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La Alcaldía vuelve a hablar de nomenclatura

Mauricio Franco, director de Planeación de Cúcuta, confirma que la administración municipal está revisando la necesidad de actualizar la nomenclatura de la ciudad.

El asunto se está trabajando con las oficinas de Catastro y Planeación y ya se han sostenido conversaciones con las empresas de servicios públicos.

“Estamos hablando con las empresas de servicios públicos (...) sobre la necesidad de hacer un estudio de nomenclatura para la ciudad”, señala Franco. 

Reconoce que no se trata de una tarea que pueda asumir una sola dependencia. Para la elaboración del estudio y la posterior instalación de la señalización será necesario definir quién puede aportar los recursos y la capacidad técnica.

También comenta que las empresas de servicios públicos deberían participar, especialmente, porque serían beneficiarias de una nomenclatura de alta precisión.


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