Para un cucuteño no resulta extraño que una dirección venga acompañada de una explicación. “Es por la Calle del Amor”, “cerca de la Calle del Burro”, “en la Curva del Pescado” o “por la Silla Coja”, son indicaciones que para muchos ciudadanos tienen más utilidad que los datos escritos en un papel.
Son nombres que sobrevivieron al crecimiento de Cúcuta y que se instalaron en la memoria de sus habitantes. El problema aparece cuando quien necesita llegar a esos lugares no conoce la ciudad, cuando un domicilio debe entregarse con precisión o cuando una empresa de servicios públicos necesita identificar exactamente dónde está un usuario.
La capital de Norte de Santander lleva décadas enfrentando esa dificultad. La ciudad creció, aparecieron nuevos barrios y asentamientos, pero las referencias para encontrar una dirección no evolucionaron al mismo ritmo.
En distintas zonas una misma nomenclatura puede repetirse. La calle 8 con avenida 10, por ejemplo, puede encontrarse en diferentes sectores de la ciudad. Para quienes conocen Cúcuta esto puede resolverse con una referencia adicional. Los que por primera vez vienen y se enfrentan a esa enrevesada nomenclatura, la situación es distinta.
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“Como estas direcciones se repiten en varias partes de la ciudad, entonces lo que uno hace es preguntar o buscar otras referencias con el pasajero sobre el lugar al que se dirige, porque si no se corre el riesgo de llegar al lugar equivocado”, cuenta Elibardo Montes, taxista de la empresa Cone.
El problema también lo conocen quienes trabajan diariamente en labores de mensajería. Juan Carlos Robles, domiciliario desde hace una década en el área metropolitana, asegura que Cúcuta es una de las ciudades donde resulta más complicado ubicar un destino. En barrios como Chapinero, explica, algunas viviendas tienen hasta tres placas con diferentes direcciones.
Una ciudad con varias formas de ubicarse
La falta de una nomenclatura unificada hace que la orientación dependa, en buena parte, del conocimiento que tengan los habitantes de cada sector.
Todavía es común que una persona explique cómo llegar a un sitio indicando que hay que doblar después de una tienda, pasar por determinada esquina o buscar un árbol, una cancha o cualquier otro punto conocido por los vecinos.
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Para quienes viven en Cúcuta, esas referencias forman parte de la vida cotidiana. Para un visitante, un repartidor o una persona que necesita localizar un predio con exactitud, pueden convertirse en un problema.
Juan Antonio Nieto, quien fue director nacional del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), recuerda que, precisamente, esa situación de contar con 25 formas de nomenclatura en la ciudad llevó a plantear una solución durante la administración del exalcalde Donamaris Ramírez Lobo.